Hito Steyerl en Buenos Aires

En el marco de la Bienal Imagen en Movimiento (BIM), organizada por la Universidad Tres de Febrero del 20 al 30 de noviembre, llega a la Argentina –y por primera vez a América latina– la más cautivante representante del videoensayo, la alemana Hito Steyerl. Con una clase magistral, la exhibición de tres de sus videoensayos y la presentación de un libro, la artista pondrá en juego su hipótesis de la sala de cine como espacio de sujeción de un público que pierde dócilmente autonomía y de cómo la representación está alterada, condicionada, por la materialidad de las imágenes y su modo de circulación, entre otras provocadoras ideas que dan cuenta de sus obsesiones: el feminismo, la expansión del sistema militar y la proliferación de datos audiovisuales.

Hito Steyerl es cineasta, escritora y docente, desarrolla su obra en diversos campos del cine y el videoensayo, media art y videoinstalación, preocupándose por temáticas como el feminismo, el militarismo y, sobre todo, la proliferación y difusión del conocimiento a través de las imágenes técnicas. En Buenos Aires dará una clase magistral, presentará un libro y una exposición y se exhibirán tres de sus videos más recientes.

La clase magistral tendrá lugar en la Alianza Francesa el viernes 21 a las 19 y se llama, al igual que uno de sus videos, “¿Es el museo una fábrica?”. En la misma manejará la hipótesis de que las películas y los videos más audaces se encuentran en los museos, galerías y espacios de arte y se proyectan en cubos blancos por los que el espectador circula independientemente desde el comienzo o desde el final del film. Intentará contestar a las preguntas que indagan a qué se debe esta mutación, qué pasó con la percepción de la película y con la apelación del espectador a través de las imágenes. También pondrá en debate cuál es la relación cineasta-público en este contexto. Steyerl parte de la idea de que la desaparición de la fábrica fordista de producción, los puestos de teletrabajo y el desarrollo vertiginoso de la industria del cine obligan a pensar nuevos desafíos para la política de la imagen. Los obreros y las obreras de la fábrica han acabado en otra: el museo. Toma del Grupo Cine Liberación (en el video homónimo incluye imágenes de la película La hora de los hornos, de Pino Solanas) y la pancarta “Cada espectador es un cobarde o un traidor” al éxodo del cine político hacia el museo. Pondrá en juego el cine tradicional como espacio de reclusión, detención y control temporal y el museo que induce a la dispersión temporal y espacial, sumado al sujeto espectador como soberano que domestica una multiplicidad rebelde de significados.

La exposición que trae, En defensa de la imagen pobre, tendrá lugar durante todo el evento en el Centro de Arte Contemporáneo de Muntref en el Hotel de Inmigrantes. Allí presentará su video Strike (Huelga), un recordatorio por el que intenta demostrar que las imágenes tienen una realidad física como todas las cosas y las limitaciones que sufren en el contexto de su producción, reproducción y difusión pueden alterar su impacto de manera fundamental. El título deriva de los trabajadores estalinistas hiperproductivos denominados “trabajadores de choque”. Un término que puede ser transferido a las actuales fábricas culturales, donde el trabajo de choque se relaciona con la dimensión sensual del impacto.

En la muestra también se exhibirá su famosa instalación How Not to be Seen: A Fucking Didactic Educational .MOV file (Cómo no ser visto: Un puto manual didáctico. Mov file). En él, a través de una serie de lecciones, vemos abandonados en el desierto californiano unos dispositivos que se utilizaban para testear la resolución de cámaras aéreas analógicas, antecesoras de las que se instalan en la punta de los misiles. How Not to be Seen comienza con explicaciones acerca de cómo permanecer invisible en la era de la proliferación de imágenes. Una reflexión sobre el uso masivo de las imágenes de baja resolución que circulan de manera descontrolada y sin autorización alguna. Según Steyerl, el deseo de desaparecer es un concepto altamente ambivalente: es algo que se desea, que nos alivia de la constante representación en imágenes a la que todos estamos expuestos. Pero también es algo que produce temor al evocar el fantasma del secuestro político masivo. De hecho, el video de Steyerl hace referencia explícita a este lado oscuro de la desaparición e insinúa que los desaparecidos de la era digital terminan como fantasmas en 3D situados en el fondo de alguna representación arquitectónica. Además, vaticina que los fantasmas comenzarán a perseguir a los que generan este tipo de representaciones, los grupos de poder político y económico. Al respecto la artista afirma: “Habría dos perspectivas cruciales frente a las imágenes. Una es representacional y se refiere al contenido y a cómo lo muestra; en suma, a si da o no cuenta de la realidad. Mientras que la segunda sería su realidad en sí; por ejemplo, la de una imagen electrónica se compone de energía y cristales líquidos, o de un archivo jpg o avi, o del rastro de una grabación. Ha sido fabricada en un cierto modo de producción, lo cual no concierne tanto al orden de la representación como al material. El reconocimiento de esa parte sigue siendo muy importante. No basta con que el contenido nos hipnotice y nuestra atención se dirija por completo hacia él, siendo la otra orilla negada”. Es la idea de negación el punto más fuerte de esta obra.

Entre sus actividades en la ciudad también se encuentra la presentación de su libro Los condenados de la pantalla. En él se aúna una serie de sus ensayos escritos durante los últimos años y publicados en la revista de arte eflux. En los ensayos, Steyerl interroga el tipo de política representacional que se esconde tras los formatos de baja resolución de la imagen digital y la imagen spam; toma otra vez el fenómeno de las fábricas que se vuelven museos como punto de partida para pensar cómo es que el arte contemporáneo se convirtió en una vasta mina de explotación basada en la mano de obra precarizada, y traza un paralelo entre el ámbito del cine y el de la economía a partir de la asimilación que se ha dado en los últimos años de los procesos de producción por los de posproducción, entre otros tópicos.

De modo complementario a su muestra en el Hotel de Inmigrantes y con la curaduría de la crítica Inge Stache bajo el nombre de Arte, control y dominación se presentarán tres películas de la alemana.

Las películas abordan, cada una con un estilo propio, las temáticas recurrentes ya mencionadas que obsesionan a la cineasta alemana: el feminismo, el militarismo, la influencia del poder económico sobre el mundo del arte y, sobre todo, la difusión masiva y global de las imágenes digitales.

La primera de ellas, Lovely Andrea (Adorable Andrea, 2007), toma una foto perdida de la artista como el disparador para un viaje al mundo del bondage, el arte de atar a alguien y ser atado en un acto sexual. Una traductora japonesa se revela como protagonista que da respuestas a la pregunta por la libertad en el contexto del erotismo de la dominación.

Por su parte, un cementerio de aeronaves en pleno desierto californiano es el escenario de In Free Fall (En caída libre, 2010), del que surgen metáforas de la crisis económica y de los mercados financieros que se reinventan continuamente a través de la crisis. Como dice la curadora Inge Steche, “en su conjunto, los trabajos de Steyerl actualizan el análisis crítico del lenguaje de la imagen desde el punto de vista de una generación conectada a través de las redes digitales: retoman el lenguaje dominante de los medios masivos y lo desarman a partir de sus propias contradicciones y con un humor refinado para, luego, complementarlo con reflexiones que impulsan al espectador a nuevas lecturas reveladoras. Distintas narrativas de desastres aéreos dan lugar a metáforas de la debacle económica de octubre de 2008. Investigando la biografía de los aviones en desuso durante la crisis económica, Steyerl revela inesperadas conexiones entre la economía, la violencia y el espectáculo, al tiempo que recuerda la adaptación permanente del capitalismo a la condición cambiante de los commodities y no se priva de señalar un horizonte más allá de esta repetición interminable”.

Finalmente Guards (Guardias, 2012) intercala material de archivo con entrevistas hechas al personal de vigilancia del Art Institute of Chicago y explora las experiencias de estos oficiales con formación militar en su rol de protectores del arte y de la nación. Desde que la industria de la seguridad privada incorpora a los veteranos militares, éstos pueden aplicar su entrenamiento de combate a tareas institucionales más dóciles. En una época en la que la inteligencia, la vigilancia, las prisiones y las fuerzas de seguridad suelen estar a cargo de contratistas privados, surge la pregunta por la incidencia de la militarización y la privatización en el ámbito de intercambio simbólico propio del mundo de las artes.

Sintetiza muy bien su imaginario y su producción esta declaración de la artista: “Una imagen puede representar lo que sea: flores, o un asesinato, o una guerra civil; cualquier cosa. Pero consta también de esa otra capa, que condensa todas las fuerzas, deseos y afectos que se habían sedimentado al producirla. Es como un nodo de energía. Y se trata para mí ahora, en cierto sentido, del nivel más interesante. ¿Cómo podemos intervenir en las energías que una imagen, en cuanto tal, congela? Es una vieja idea de Walter Benjamin: la imagen dialéctica, que condensa tensiones mediante un flash. Pues bien, ¿cómo podríamos descongelar aquellas tensiones que la imagen había condensado en sí? ¿Cómo podemos hacer regresar la dinámica que la alumbró?”.

Publicado en el diario Página 12, noviembre de 2014