Buena suerte y hasta luego

Adioses y desarraigos en el último libro de Cristina Civale.

En el primer capítulo de su anterior novela, El hombre de mi vida serás tú, aparecían ligadas dos palabritas que “como dos amantes predestinados“ volverían a encontrarse en la escritura de Cristina Civale: despedidas y América. El personaje de Clara le decía ‘no va más’ a Pablo de una manera filosófica y encantadora: ‘Te dejo. O quizá vos me dejaste antes. No importa quién se apropia de este verbo. Adiós, Pablo. De todos modos, quiero que sepas que siempre existirá en mí una manera, empecinada y tortuosa, de amarte en silencio. Nunca más tuya, Clara’. Inmediatamente después, se tomaba un avión a Madrid porque ‘en América sólo había encontrado desamor’.

Son las palabras que le dan título al nuevo libro de Civale: Adiós América que “en realidad“ viene a enlazar los nombres de las dos nouvelles que conforman el último trabajo de esta joven pero experimentada escritora y guionista de televisión y que alguna vez también le dijo adiós a Buenos Aires para pasar algún tiempo en Barcelona y Milán. Las nouvelles (América en fuga y Adiós, 9 maneras de decirlo), tienen en común que sus protagonistas son mujeres que se desempeñan con éxito en terrenos asociados comúnmente con los hombres: por un lado, una torera con cierto aire de Lydia, el personaje que representaba Rosario en la película de Almodóvar Hable con ella y, por otro lado, una campeona de carreras de motocross. Pero se trata de mujeres que sólo consiguen triunfar para suplir la ausencia de los padres. Mujeres que le venden al mundo su lado avasallante con el inútil objetivo de ocultar un indeleble sentimiento de orfandad. Y, curiosamente, las dos historias comienzan en un aeropuerto, el lugar por excelencia del exilio moderno, en el que muchos exponentes de la generación de Civale gritaron también ‘adiós América’ para tomar el primer avión a Barcelona.

En América en fuga, la nouvelle que abre el libro, se entrecruzan en torno de la protagonista América Pardo, las historias de personajes bastante heterogéneos: Roque Luna, un olvidado megastar de la primera generación del rock argentino, que (en rigor de verdad) tiene mucho más de Roque Narvaja que de Wild Cat; Amanda Rosales, una periodista que fue arrastrada de Cuba por su madre y sueña con el gran regreso mientras deja caer en su mano los dólares del Miami Sun y “por último“ Gonzalo Aragón, un heroinómano de 25 años en supuesta recuperación que, gracias a su nuevo oficio de basurero en el aeropuerto, aprende que una buena manera de estar atado a la vida es prestar atención a lo que cae en los cestos de basura. América Pardo finge vivir un romance apasionado con el decadente rockero para fugarse de su entorno y despistar a la prensa en busca de un aborto redentor, ya que ‘quiero ser una matadora que pueda entregarse a su faena sin otra cosa en la cabeza y en el cuerpo que el deseo de entrar a matar’. Como daba a entender el personaje de Clara en El hombre de mi vida serás tú, la segunda nouvelle de este libro comprueba que si nada es tan simple como saludar, lo más difícil es tener que decir adiós. ‘Adiós es una palabra demasiado pretenciosa, así que sólo te digo que te vaya bien’, reza una canción de folk. Los nueve narradores de la historia emplean otros tantos eufemismos para despedirse: ‘Es ahora que empezamos a quererte’, y ‘prefería callar porque tuve miedo’, entre otros. En realidad, el gran adiós de esta nouvelle es el que a una mujer criada por su abuela le cuesta un suplicio decir a su marido, quien sólo ve en ella el oro que gana con las carreras de motocross. Adiós América tiene la virtud de ser poética desde un argumento que bucea en lo sórdido al mismo tiempo que evita adornar con un lenguaje exagerado sus páginas y dice sin ambages lo que tiene que decir. Civale nos ofrece una buena línea de fuga a partir de una lectura de lo más amena.

La nota de Juan Pablo Bertazza, en Radar Libros