Cristina Civale: cinco decadas de la noche porteña

Buenos Aires, 22 de junio (Télam, por Pablo E. Chacón).- La noche es ese espacio inmaterial que algunos esperan para festejar las pulsiones dionisíacas y otros para satanizarlas, según la opinión autorizada que la investigadora y crítica de arte Cristina Civale ofrece en su último libro.

En “Las mil y una noches. Una historia de la noche porteña 1960-2010”, publicado por la casa Marea, los últimos cincuenta años del país rebotaron sobre las representaciones nocturnas (o al revés), armando una cronología que puede leerse en la música, la moda, la arquitectura y la composición socioeconómica de los noctámbulos.

“Este es un libro que no sataniza la noche sino que reivindica su espíritu festivo”, dice la autora en diálogo con Télam, a horas de la caída del sol, en el día más corto del año.

Y agrega que es un testimonio “que ha transitado la noche en cuerpo y alma; poblado de testimonios y vivencias comprobables y demostradas; en ese sentido, no es un libro teórico. Y esa es la diferencia que establece”.

Sin embargo, “Las mil y una …” establece -por convención, imperativo editorial o capricho- una periodización que por cierto no implica una historia pero que puede leerse históricamente.

El libro atraviesa cinco décadas de nocturnidad, de los 60 al 2010; incluye las mutaciones, las costumbres y las tecnologías que alteran las costumbres pero no pretende exhaustividad y se lee de un tirón, como una buena crónica.

Civale nació en Buenos Aires en 1960; es licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA); periodista, publicó los libros de cuentos “Chica fácil”, de 1995; “Perra virtual”, de 1998; y “Cuentos alcohólicos”, de 2009.

Y las nouvelles “El hombre de mi vida serás tú”, de 2002, y “Adiós América”, de 2005. Además, las investigaciones “Hijos de mala madre”, de 1993, “Esclavos”, de 2003, “Niños lejos de Disneylandia”, de 2006; “Crónicas desde la frontera”, de 2008; y y el ensayo “Industria argentina”, de 2007.

“Para escribir este libro siempre me basé en testimonios de gente que estuvo en el ahí y entonces, en el aquí y ahora de los 60, y en el aquí y ahora de los 70. Porque yo empecé a salir a fines de los 70”, cuenta la autora.

“Entrevisté a todos los que pude, incluso a (José) Lata Liste -que murió hace unos días. El me contó una serie de anécdotas interesantísimas, y cómo se le ocurrió fundar Mau-Mau”.

La noche también suele explotarse como el tópico de la libertad y lo prohibido, pero el tono de este trabajo apunta a una memoria de costumbres, apuestas y gustos que se fueron perdiendo o mutando.

A pesar de que es imposible eludir “esa zona de duda y perturbación de lo que es el recuerdo de lo nocturno. Fui a buscar el testimonio de la gente que estuvo ahí, no que la que leyó libros sobre la cuestión”, sostiene Civale.

Y dice que “en los 70, la noche también recibió al medio el mazazo de la dictadura militar, más allá de que algunos lugares surgieron en esa época, como la discoteca `Experiment`”.

En el momento más oscuro de la historia argentina, hablar de la noche suena redundante, “porque era un espacio marginal, y a su vez un deseo de sobrevivir, siempre ligado a cierta dificultad”.

“Y notablemente, después del golpe (de marzo de 1976). Pero mucho menos cuando despunta la democracia, en los primeros 80”, dice la actual editora de “Gazpacho”, la revista del Centro Cultural de España en Buenos Aires.

Como sea, Civale dice que “recién a mediados de los 80 las cosas empiezan a cambiar, empiezan a despejarse cosas; pero, claro, con el menemismo se banaliza casi todo. Y particularmente, la noche se va alejando del arte”.

Hasta ese momento, fines de milenio, “durante los años que investigué, la noche está ligada al arte, a la performance, a la creatividad: la noche era un espacio creativo”.

Los 90 son tiempos de transición, acá y en el mundo. Aparecen las megadiscos, los sponsors, las promotoras, el tecno, el porno.

“Entonces se empieza a perder un poco de mística. Interpreto, no puedo afirmarlo. Estamos todavía muy cerca en el tiempo, sacar una conclusión sería arriesgado”, asegura Civale.

Y se suma “la pauperización del país; hay gente que pierde poder adquisitivo para disfrutar la noche como lo hacía antes, en otro momento”.

En la actualidad, puede decirse “que ya no existe `el lugar de la década`. En los 60 estaban Mau-Mau, Experiment; en los 80, New York City, Palladium; en los 90, El Dorado, Morocco, Ave Porco, pero en el 2000, ¿qué hay, dónde está?”, se pregunta la escritora.

Y se responde que “está todo dividido. Y aparecen los DJ`s. No se va al lugar. Se sigue a Trincado, a XX de Australia, a Mongo de Escocia”.

“Y lo que se ve es que la gente se aburre, se pregunta ¿adónde vamos? Porque si querés salir, no hay dónde ir. No digo que no existan lugares: está Niceto, Brandon, el Club 69. Pero no es lo mismo. No hay un lugar como el Morocco, donde se juntaban todos”.

Finalmente, Civale confiesa que “los 80” fueron sus años favoritos. “Por mi edad, por la democracia, porque sabía menos de la vida, porque fue asombroso, porque tenía veintipico, porque conocí el Parakultural, Bolivia, Palladium. Fue imolvidable”, remata.

Publicado por Agencia Télam