Crónica sobre la presentación de Microfelicidad y otros relatos

Por Sonia Santoro

Fue ella y no la periodista invitada a hablar de la escritora, quien comenzó a hablar. Presentó a Gabriela Saidón, periodista y compañera de la Facultad de Letras, que sería la encargada de guiar la entrevista de presentación de su último libro. Un capricho, diría Cristina Civale. La recopilación de varios libros de cuentos y algunos relatos inéditos:Microfelicidad y otros relatos (Milena caserola).
Saidón dijo que estando el padre de Civale presente, le ahorraría algunas preguntas. Pero Civale la invitó a no quedarse con las ganas, después de todo el padre la conoce hace más que ninguno de los presentes. Una obviedad. Además siempre está el recurso del entrevistado de no responder. Cosa que, confesó Civale, no entendía todavía por qué muchos de sus entrevistados no usaban al momento de sus preguntas inoportunas.
Saidón contó que Civale siempre estuvo a la vanguardia. Fue una chica almodovar cuando ni siquiera existían esas chicas. Y ahora, por ejemplo, se animaba con el crowdfunding, una forma de financiación colectiva, a través de la web idea.me.
-Tal vez estés abriendo paso a muchos otros “dijo Saidón
-No lo sé “dijo Civale, que tuvo varias respuestas breves, de esas que seguramente odia de parte de sus entrevistados. Antes, de todos modos, había explicado que después de haber publicado en grandes editoriales ya no tenía ganas de adaptarse a sus tiempos y modalidades. Y que hubiera sido imposible convencer a un editor de que iba a ganar plata con este libro, un capricho, de 406 páginas: compilación su narrativa breve, en el que se incluyen sus libros editados y discontinuados: Chica fácil, Perra virtual y Cuentos alcohólicos y su narrativa corta inédita Microfelicidad y Crónicas suicidas.
Todo esto mientras no paraba de entrecerrar los ojos, como si las luces de Broadway la cegaran, sonreir a un lado del público, saludar al otro. Anunciar la llegada de su primer novio. Civale actuando de si misma. De escritora-actriz acostumbrada al escenario.
En los cuentos hay mucho alcohol, venganzas, suicidios y un arma letal usada por sus protagonistas, el corpiño con aro. También hay personajes con lunares, fetiche que Saidón descubrió en el recorrido de todos los textos juntos y que Civale festejó.
En un momento, Civale se definió a si misma como “croniquera”: “yo croniqueo todo”.
Luego la actriz Monina Bonelli leyó fragmentos escogidos. El cuento ‘Perras muertas’, publicado por primera vez en el libro Perra virtual (Seix Barral, 1998), y ‘Silvia Plath’, una de las crónicas de los pensamientos de personajes en el último momento antes de morir, publicado por primera vez en este libro.
Leyó Bonelli, labios morados, pelo rubio y ondulado, piel blanquísima: ‘La escena va a ser perfecta. Empiezo. Acuesto a los chicos y consigo que se duerman pronto. Les dejo un vaso con leche a cada uno y pan untado con manteca sobre sus mesitas de luz. Suelen despertarse con hambre. Hoy no deben hacerlo, hoy no deben gritar la palabra ‘mamá. Cierro la puerta de sus habitaciones y cubro las hendijas de debajo de las puertas con toallas húmedas. (…) No pude nada. Mis poemas, esa mierda que no me redimía’, leyó y dijo ‘mierda’ arrastrando la erre, con bronca. ‘No pude con nosotros. Conmigo, con las palbras atragantadas. Mi vida: esa obra fallada’.
Siguió hasta el final del final de Silvia Plath y cuando Cristina llamó a beber unas copas antes de irse, quedaron flotando las ganas de volver a leer esos fragmentos íntimos. Dieron ganas de abrir el libraco y seguir la historia aunque hubiera terminado. De acariciar la tapa suave y bellamente ilustrada por Paula Otegui. De abrirlo y pasar las hojas rápido, rasgando con el pulgar; luego más despacio, y encontrar otras palabras para saber más del secretos de los que se fueron.
Publicado en la web de la periodista el 23 de agosto de 2003