Donde ruge la memoria

Siete Imaginarios y una realidad es la muestra donde se encuentran los Artistas Plásticos Solidarios, un colectivo de artistas argentinos que se formó con un objetivo artístico-político muy preciso: el compromiso social solidario.

Aquí, cerca de la ciudad Buenos Aires, en el Mes de la Memoria que coincide con el aniversario de la feroz dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976, un grupo de artistas que, desde hace ya siete años viene realizando muestras inolvidables, organiza una muestra en el Museo del Tigre: Siete imaginarios y una realidad.
Estas muestras son inolvidables en dos sentidos: por su excelencia y también por su significado y último fin: que no olvidemos.
Pertenecen a una generación que tuvo el privilegio y el horror de ser testigo de los acontecimientos más relevantes del siglo XX y también del que ahora transitamos: ellos registraron con sus ojos y con su creación la revolución cubana, la llegada de Allende al poder en Chile, la militancia fulminante de los años 60-70 en toda América Latina y también su fulminante represión en un escalada brutal en todo el continente, el exilio, las democracias flamantes en cada país, el MERCOSUR, las nuevas guerras globales, las guerras étnicas, las masacres en nombre del dinero. Ellos sobrevivieron a todo y vieron con sus ojos bien abiertos. Nunca dejaron de ver ni de crear a partir de esa realidad hecha recuerdo como un puente solidario para las generaciones futuras a las que, como un inmenso mensaje en una botella, legan su recuerdo y su militancia en la memoria para que tomen la posta y no olviden. La tomaremos.
Se trata de los autollamados Artistas plásticos solidarios: León Ferrari, Mónica Dowek, Ricardo Longhini, Ana Maldonado, Adolfo Nigro, Luis Felipe Noé y Juan Carlos Romero. Como grupo se organizaron en 2003 cuando Estados Unidos invadió Irak provocando una nueva guerra sólo útil para las corporaciones de armas, petróleo y productos que fabrican muerte. Siguieron trabajando en conjunto cuando el Estado de Israel invadió primero el Líbano en 2006 y luego la Franja de Gaza en 2009.
El desesperanzador panorama político que atraviesa el mundo globalizado es un disparador tanto de sus muestras individuales como de estas que producen en conjunto para llamar la atención y poner el acento sobre un hecho puntual.
Aquí, sin apostar a la revancha pero si a la militancia en el recuerdo impostergable, organizan esta muestra con la complicidad de Dianan Saiegh, directora del Museo del Tigre y con la curaduría de la crítica de arte María Teresa Constantin.
La muestra es poderosa, tan poderosa como la realidad sobre la que quieren que no olvidemos. Fue muy emocionante acudir a la inauguración el soleado sábado 27 de marzo donde cada uno de los artistas recibió un diploma en reconocimiento por su labor otorgado por el Museo en conjunto con la municipalidad de Tigre que estuvo representada oportunamente por su intendente, Sergio Mazza, que abrió el acto con palabras que destacaron el valor de la memoria sin venganza. Un concepto que se escuchó mucho esa tarde y que, personalmente, celebro.
La muestra es imponente. Cada una de las obras presentadas es una obra necesaria, poderosa, intransigente. Cada obra es distinta y sin embargo apunta con garra y desparpajo, con valentía y talento a recordar lo que es la represión en sus expresión más crudas.
Elijo al azar algunas obras de cada uno de los artistas para comentarlas porque espero que con sol o con nubes se hagan un viajecito hasta el Tigre y no se la pierdan: para ‘honrar la vida’ pero también para honrar el arte.
Diana Lowek impacta con su tríptico Argentina 78 en el que una suerte de muralla de alambre de acero constituye los extremos del tríptico y encierra la esperanza en un rajadura, una suerte de burla a esos alambres que parecen de púas y que lastiman el ojo pero que lo alivian que ese ‘agujero’ liberador. La posibilidad del escape.
Ferrari impacta una vez más con una obra de su serie de ilustraciones del libro Nunca más. Una vez más nos escandaliza el gesto de saludo militar de la primera junta militar presidida por los torturadores Videla, Massera y Agosti. Este collage impreso en láser remite a las obras de Brueghel en su tan espeluznante como bella pintura El triunfo de la muerte. Â¥ de eso se trata toda la obra presente de Ferrari en narrar cómo la muerte ha triunfado. No lo cuenta con melancolía sino como un llamado a la batalla para que la muerte no gane la partida. El collage sobre tela Gaza, el único de la muestra que escapa a la realidad argentina, tiene las palabras de Ferrari escritas de puño y letra, sus pensamiento dibujados en rojo sangre con los rostros de la víctimas, jóvenes, felices, y luego masacradas. El elige mostrarlas vivas y el resultado es aún mucho más impactante. Esas caras que nos miran fueron víctimas del triunfo de la muerte.
Es impresionante, casi cruel, la escultura de Ricardo Longini, Así los recordará el pueblo, una suerte de torre realizada con huesos de ganado “pero que necesariamente remiten a los cadáveres de las fosas comunes- una torre de muerte coronada con un tronchador de hierro: un maléfico elemento de tortura. Como recalcé antes: aquí no hay lugar para la melancolía, hay sólo espacio para que este horror, desde la brutalidad expuesta en muchas de las obras, siga la-tiendo en nosotros hasta que se haga justicia.
La serie Los olvidados de Ana Maldonado, pinturas en técnica mixta, nos pone frente a familias que podemos adivinar disfuncionales, abandonadas, famélicas, desestructuradas, herederas de un modelo de país que expulsa y no incluye.
Las tres lunas de Adolfo Nigro son tumbas. Luna de marzo III es un objeto oscuro que encierra decenas de cruces no llegan a 30 mil pero podemos intuirlas, latiendo sin latir.
En Aquí no pasó nada, Noé aplica una vibrante paleta de colores en un segundo plano y elige los grises para el primer plano, ambos representando figuras humanas. Adelante, la memoria; atrás el olvido.
Las instalaciones de Juan Carlos Romero, carteles como alfombras que no deben ser pisadas, plantan sobre el piso simples palabras que juntas, en rojo y negro, constituyen parejas que luchan entre sí. El rojo es la sangre, el negro es lo que debe sobrevivir. Alguna de estas parejas de palabras son Impunidad-Memoria; Justicia-Olvido. Como en una rayuela: ¿qué duda cabe sobre donde debe caer el taco?
‘Nos solidarizamos con las luchas que se proponen terminar con el hambre, la desocupación y la exclusión. Apoyamos a los pueblos que luchan por su liberación. Propiciamos de la formación de una red solidaria de artistas plásticos en todo el país que ocupe la calle, que exiija el espacio público para que la voz del arte se de la mano con sus ciudadanos. Buscamos la creación de espacios de lucha no convencionales y alternativos para lazar nuestras ideas de libertad’, expresan en un Manifiesto firmado en marzo de 2010.
Y eso hacen en sus siete imaginarios que apuntan a una realidad con sus armas cargada, única y exclusivamente, de su arte.

Publicado en La Forastera, de El Argentino