Francis Alÿs: La mancha humana

El artista belga-mexicano Francis Alÿs (Amberes,1959) hace estallar las salas del Malba con su muestra inquisidora Relato de una negociación donde expone, unidos por el guión curatorial del prestigioso curador y crítico mexicano Cuauhtémoc Medina, tres de sus videos más contundentes en cuanto a la representación de sus inquietudes y de su imaginario. Se trata de No cruces el puente antes de llegar al río , Tornado y Reel-Unreel.

Alÿs aplica métodos alegóricos y poéticos para representar realidades sociales y políticas tales como el cruce de fronteras, el beneficio y el detrimento del llamado progreso y los encuadres tanto locales como globales del tránsito en las áreas de conflicto de las comunidades. El artista, nacido en Bélgica donde desarrolló sus dotes de arquitecto, se mudó a México DF en 1995 y fue en esta ciudad donde comenzó a desplegar sus dotes artísticas siempre preocupado en el devenir controvertido de los pueblos de aquí y de allá.

Alÿs a lo largo de más de 20 años produjo un cuerpo de obra en el que puso el acento en la producción de sus videos pero también en la pintura, la performance y la fotografía. Soportes en eclosión y complementariedad.

Sus videos son el núcleo duro de su trabajo que se completa también con dibujos, pinturas y objetos que alargan la representación de lo que cada uno de ellos, los videos, indaga y en esta contienda de soportes parecería plantarse la negociación planteada por la muestra actualmente en curso en el Malba.

Explica el curador sobre este punto: “Son los capítulos de un ensayo virtual sobre las relaciones posibles de la pintura y la acción”.

¿Será sólo eso? Cabe preguntarse, sin embargo, qué es lo que está negociando aquí el artista más allá de lo que explica el curador, qué se puede percibir tensando el concepto de negociar. Quizá habría que poner el énfasis en otra palabra que nombra a esta muestra: “relato”. Alguna vez Francis Alÿs dijo injustamente sobre sí mismo que no era bueno en ningún soporte y agregó que realmente el soporte en que plasma su obra no es para él esencial, lo esencial es la narración, contar una historia. Entonces podría pensarse la negociación como otra cosa. Como la de un artista que negocia con la tendencias del mercado al poner la narración adelante y quizá se fuerce la interpretación del guión curatorial en enfrentar como zona de negociación y quizá confrontación todos los soportes que Alÿs aplica para contar una historia: su objetivo supremo.

Si tomamos cada una de las obras expuestas como capítulos de un ensayo sobre la sociedad contemporánea la negociación se traslada al contenido de su relato, algo que está por fuera de la obra y tiene que ver con las situaciones concretas donde el artista apunta sus intereses. “Nunca fue muy bueno”, confiesa Francis Alÿs, “con el orden, ni con los esquemas, ni con el sistema de trabajo metódico. Soy muy malo para centrarme y pensar desde cero –explica-.Todo tiene que ocurrir de manera casual, mientras tomo el metro o preparo la comida”. Aunque su estudio ocupa las tres plantas de una antigua casa de 1736, situada en la Plaza Loreto de México DF, una zona fronteriza entre el centro urbano histórico y un barrio ilegal, Alÿs no es un artista de taller. Su verdadero campo de operaciones es la calle, por la que siempre pasea con varios cuadernos a cuestas. En ellos trabaja con el mismo frenesí caótico que contagia la ciudad: “Siempre tengo cinco o seis proyectos que se desarrollan en paralelo. Es mi única forma de avanzar, pegando saltos de una historia a otra”.

La negociación, que se despliega en la muestra del Malba, es un ejercicio usual en la metodología artística de Alÿs en dos sentidos. Primero, en la correlación entre su obra gráfica –dibujo, pintura, fotografía– y sus acciones que concluyen en videos; segundo, en el diálogo con el contexto geopolítico de las localidades donde produce sus proyectos.

“Es una doble negociación, una personal y una negociación con la geopolítica alrededor de cualquier trabajo”, afirma el artista. “Un método creativo en el que el soporte queda en segundo plano frente a la narrativa” y sigue contando: “No tengo una formación artística, yo llegué a México como arquitecto, y no soy bueno en ninguna disciplina, pero eso también permite que no me interese el medio en particular; yo desarrollo el proyecto con la idea y busco cuál es lo más adecuado para materializar esta idea”.

La relación entre la gráfica y la acción en los proyectos de Alÿs es casi de rebote mutuo. Los dibujos, pinturas e incluso textos clarifican el sentido y la forma que busca para sus acciones, y estos, a la vez, alimentan el contenido de la obra producida en su estudio a manera de ejercicios mentales.

Ni si quisiera puede considerar las pinturas como bocetos de las acciones, pues más bien funcionan en paralelo, y en muchos casos son autónomas.

Los dos procesos se retroalimentan uno al otro. “Yo necesito dibujar, pintar, escribir –explica Alÿs– para poder avanzar en la producción de una acción determinada en un sitio determinado, son dos actividades que se rebotan, pero que es necesario, pues las pinturas me ayudan a tomar decisiones y hasta financiar las acciones que no son lucrativas. Es una economía de producción que se dio de manera bastante natural, fortuita, y me ha permitido a veces hacer producciones que duran hasta diez años, y eso me permite cierta libertad dentro de las limitaciones de cualquier producción en México o en cualquier otro país”, concluye.

A Alÿs no le interesa si su obra toma la forma de un rollo de película, un video o una poesía; su preocupación se centra en narrar historias de sitios representativos, hasta cierto punto, de la condición marginal y periférica de la sociedad en crisis.

Es el caso de los tres proyectos que integran la exposición del Malba que ya pasó por el museo Tamayo de México. Las obras en cuestión son No cruces el puente antes de llegar al río (2008), Tornado (2000-2010) y Reel-Unreel (Enrollar/desenrollar) (2011), que coinciden en la metodología de trabajo y en concluir en videos como registros de un proceso estético.

Alÿs explica que No cruces el puente antes de llegar al río consistió en un puente construido por niños con pequeños barcos para cruzar el Estrecho de Gibraltar, acción que había hecho previamente con barcos reales entre Cuba y Florida (2006); donde el concepto de puente es una metáfora a la lejanía cultural y social de dos regiones.

Mientras Tornado fue un proceso más íntimo que duró una década durante la cual el artista persiguió los remolinos formados en la zona de Milpa Alta como un exorcismo del “horror” causado por la violencia en el país en la primera década del siglo XXI.

El tercer proyecto, Reel-Unreel, registra el juego de los niños en Afganistán al girar una rueda, y él invitó a los chicos a usar los carretes de películas destruidas por la guerra.

“No soy director de cine –cuenta– entonces no soy alguien que llega a dar órdenes para grabar un video; sólo pongo las reglas del juego y dejo que éste se desarrolle bajo la improvisación de los participantes, yo sólo registro cómo se desarrolla y cuál es su conclusión; me pongo en un papel de espectador o de interlocutor. A veces la pieza no va hacia donde yo quiero, pero es parte del juego porque soy sólo la chispa que provoca la situación. En el caso de Tornado fue una pieza mucho más individual, un recorrido personal de diez años, donde fueron cambiando las intenciones detrás del proyecto”.

Más allá de las definiciones estéticas de las que parten estos proyectos, el artista asegura que el “motor” de las acciones es la empatía con los habitantes de las ciudades, quienes se convierten en colaboradores y hasta protagonistas de sus acciones. Un contacto que busca entender el contexto local, y lograr que ellos comprendan el sentido de su trabajo.

En ese sentido si bien son disímiles los tres proyectos y ciudades donde se desarrollaron, Alÿs considera que ofrecen una lectura amplia de su modo de producción, de su ubicación como artista, y permite múltiples interpretaciones por parte del espectador. Es por esto que la exposición se aleja de un montaje saturado para apostar más por un recorrido didáctico “claro y directo” sobre su concepto estético sin necesidad de textos explicativos más que las mismas imágenes desplegadas en sala.

No cruces el puente antes de llegar al río y Reel-Unreel podrían hermanarse en una misma preocupación que se planta en lo social. La primera en las locuras que suceden hoy con las masas migrantes y los cruces masivos de fronteras; la segunda ubicada en la guerra de Afganistán, se presente a través de un juego que el artista le plantea a dos niños a los que enfrenta ante un rollo de película que los chicos usan precisamente como un juguete. En la primera obra concentra hasta el extremo la línea humana que se arma en los bordes de un mundo próspero frente a otro fatigado, exhausto y empobrecido. En la segunda, desplaza el sentido de la guerra y de sus imágenes multiplicadas en los medios creando una representación propia alejada de lo estrictamente bélico.

En Tornado, Alÿs cuenta su obsesión por esos inmensos remolinos de tierra que se levantan de la superficie y generan formas abstractas que fuera del plano son violentas. Tornado es su obra más poética, concentrada en la fascinación por una forma inusual que adopta la tierra y aquí se desentiende de lo que sucede cuando el tornado aterriza en un pueblo o ciudad y lo arrasa todo. Alÿs aquí retira la forma humana y se concentra sólo en la diáfana belleza de un fenómeno de la naturaleza demoledor.

Cada obra expuesta es un relato que el mismo artista expone ante una negociación que va más allá de la pelea por los soportes que la representan, la negociación es atreverse a contar una historia desplegada en cualquier soporte que permita que la narración deseada por el artista luzca y se estrelle con el mejor brillo que le quepa. Contar una historia es lo que cuenta y es allí donde se instala el eje de este relato negociado que hoy podemos apreciar en el Malba.

Publicada en el suplemento de cultura Radar del periódico Página 12 en enero de 2016.