José Ignacio Otero: Átame

Ahhhh, las corbatas. El asesino de la película Frenesí de Alfred Hitchcock las usaba como arma con la que ahorcaba a sus víctimas. También a lo largo de los años fue y sigue siendo un fetiche para tener sexo atados a los barrotes de una cama. Se puede usar para cubrir los ojos y coger sin ver el cuerpo del otrx, tanteando en la oscuridad provocada. Hay quienes se suicidaron colgados a un andamio con alguno de sus modelos. La corbata trasciende la moda y se mete en la vida cotidiana para usos, la mayoría de las veces, extremos.

Lejos de la elegancia, le fuimos encontrando a la corbata otros usos.

En el marco de Fashion Week (hasta el 15 de marzo en el Hotel Sheraton) el diseñador y artista visual José Ignacio Otero exhibe, en el espacio Martorell Art+People, sus ya legendarias corbatas, que no son de tela y constituyen un objeto artístico portable, en una muestra llamada Arte para portar/ Moda para enmarcar.

Así es, Otero creó la primera en 1995 con latas y recién en 2004 comenzó a crear una colección de corbatas como obras – objetos de arte con espejos, material que actualmente usa con asiduidad.

También aplica latas de cerveza o gaseosas, chapas, aluminio y madera reciclados hasta elaboraciones con tetra-packs, hojalata de envases de productos varios, vinilo, madera de cajones de frutas o goma de cámaras de bicicleta.

El proceso lleva su tiempo. Una corbata de las de latas de aluminio le toma unas cinco horas de trabajo artesanal y para ciertos proyectos cuenta con asistentes que lo ayudan, como una corbata gigante que realizó con desechos de un calefón.

Si bien empezó con las corbatas para hombres, en 2014 creó su línea para mujeres, corbatas cortas que se cuelgan cual collares y que pueden usarse con cualquier tipo de prenda. También recientemente agregó moños y así armó toda una línea de neckwear, es decir todo aquello que un cuello pueda lucir. Lo que empezó a realizar con objetos reciclables hoy parecen joyas de lujo.

¿Y por qué eligió primordialmente corbatas?, uno le pregunta sin olvidar Frenesí ni los barrotes de una cama o lo ojos vendados o el suicida. La razón de Otero, al menos la versión oficial, es esta: “Trabajo ahora con corbatas por ser un símbolo potente y vigente de la indumentaria masculina y por ser mi fetiche actual de arte y diseño”. Un diseñador que no se guarda en el armario y que apuesta al accesorio de vestir empleado por ejecutivos, dandis, magnates y trabajadores que marcan tarjeta. Sus corbatas salen del closet de esos hombres estereotipados. No hay paradoja. Hay libertad.

Las corbatas, modelos exclusivos, se encuentran a la venta en Novo Salon en New York (EEUU) y en Espacio Aerre en Bilbao (España). En Buenos Aires se pueden realizar pedidos vía Facebook o en www.joseotero.com.ar

Publicada en marzo 2016 en el suplemento Soy del periódico Página 12.