La frontera como marca de época

“Crónicas desde la frontera”, de la escritora y periodista Cristina Civale revela los alcances contemporáneos de un concepto que ha superado el ámbito de la geografía para nombrar otros cruces que se dan a diario en un mundo en continuo movimiento.
Autora de los libros de cuentos “Chica fácil” y “Perra virtual”, la novela “El hombre de mi vida serás tú” y el conjunto de nouvelles “Adiós América”, Civale también ha encarado la investigación en “Hijos de mala madre”, “Esclavos” y “Niños lejos de Disneylandia”.
En una entrevista con Télam, la escritora contó la génesis de las nueve crónicas de este libro, “que captan el preciso momento en que el mundo se corre de su eje y cambia para siempre”.
– Es interesante jugar con el concepto de frontera, desde lo más literal a formas metafóricas ¿cómo surgió la idea de ejemplificarlo a través de distinta historias?
– Todo tienen que ver con mi libro “Esclavos”, donde me encuentro con el cruce de los cruces de nuestra contemporaneidad, la inmigración… pero luego encontré que el concepto frontera ejemplifica muy bien los movimientos y vaivenes de nuestro mundo contemporáneo: desde las adicciones hasta la los brotes psicóticos; desde el cambio de sexo hasta la pobreza hecha gueto.
Todos son cruces, en el sentido latino lo “trans” es cruzar bordes, ir más allá y el siglo XXI para bien y para mal, según mi punto de vista, es un siglo que se caracteriza por el cruce: de religiones, sexos, reales fronteras geopolíticas y otras: creo que la “frontera” en su sentido amplio es la marca de nuestra época y por eso fui a buscar historias contundentes donde pudiese ejemplificar esta idea, pero creo que cualquiera hoy está en ese borde, desde un lugar quizá diferente.
Son tiempos donde uno cruza, atraviesa, se mueve, muta, se transforma: sobrevive.
– ¿Por qué elegiste estas fronteras? ¿Te parecen las más representativas o la elección fue arbitraria?
– No fue arbitraria. Me parecieron las más adecuadas para contar este siglo: si bien, por ejemplo a los tobas los han arrasado desde la colonización española, hoy el “colono” es un cosechador de soja.
Me parece una metáfora muy clara de la búsqueda de la contemporaneidad. Menciono mucho el sustantivo contemporaneidad porque este libro fue sobre todo la búsqueda de los síntomas que marcan este tiempo que vivimos.
– El cruce de frontera aparece a veces como una imposición sobre todo cuando esta presente el tema de la pobreza ¿cuál es tu percepción?
– La frontera muchas veces aparece como desafío del que intenta cruzarla y otras como gueto, como espacio impuesto de reclusión y exterminio.
Hay quienes han sido obligados a cruzar una frontera para no moverse más del lado, del otro lado, al que los han llevado. La locura criminalizada, los indígenas del Impenetrable chaqueño secuestrados por los nuevos colonos son un ejemplo poderoso.
– La contracara de esta sensación sería la reafirmación de la identidad como en el caso de Gaby Naya (una mujer que nació transexual y se sometió a cuatro operaciones para convertirse en Sergio Gabriel Naya)…
– Absolutamente, muchas veces la frontera, cruzarla como en el caso de Gaby o de cualquier inmigrante implica un acto de valentía de alto voltaje.
– Hay historias que tienen una impronta periodística muy fuerte ¿esa impronta cuanto influyó en la selección que hiciste?
– Traté de escribir las mejores crónicas de las que fuera capaz, asumiendo mi subjetividad. Fue un gran experimento de trabajo, este cruce de cronista dura y de escritora.
No investigué ningún caso antes de abordarlo, esperé a que la vida me tomara por sorpresa, quería ser ignorante y que la realidad misma fuese mi primera fuente.
– Hay testimonios que tienen casi el sello de una experiencia colectiva y en otros hay un cariz más personal ¿buscaste un equilibrio adrede o el hilo conductor fue capturar una frontera determinada, la de la adicción, la religión, etcétera?
– Sí efectivamente. En el caso de Esther (adicta a la comida) o Cristina (una católica que se convirtió al judaísmo) la crónica fue reproducir sus palabras, las largas charlas… porque no fui detrás de sus cruces mientras sucedían, yo debía corroborar con otras fuentes la verdad de sus dichos.
Aquí el desafío fue encontrar el tono justo de subjetividad. En el caso de Norma (inmigrante paraguaya) no fue tan diferente, no me valí solo de su palabra, pude actuar su palabra: hacer los viajes con o sin ella del suburbio a la ciudad, de Paraguay a Buenos Aires, conocer su casa y las casas “ricas” donde trabaja.
– La imagen de que nada es inamovible, de incertidumbre, es quizás lo más inquietante que deja estos viajes por el mundo trans que vos propones ¿esa era tu intención?
– Mi intención, humildemente, es que quien lea también se mueva de su sillón, mire este mundo trans y compruebe que la certidumbre aún en el gueto cómodo de su refugio burgués tiene fecha de vencimiento.
Y lo digo desde el lugar de los que comemos todos los días, nos vamos de vacaciones cada año, viajamos a otro continente con cierta frecuencia. Ese es el único gueto, el resto: las fronteras que se mueven, inalcanzables.

Publicado por Mora Cordeu en La Capital, de Mar del Plata