Crítica a Las tipas 2: La piedra de la locura

Por Silvina Herrera
Las Tipas es una novela sobre la tristeza, y cómo esa tristeza se vuelve una presencia inevitable en la vida cotidiana de dos mujeres. Una de ellas TRABAJA como enfermera en un hospital psiquiátrico y la otra va voluntariamente a internarse porque ya no soporta su propia pena. Las dos relatan sus vidas con autocompasión, desprecio del mundo alrededor y una violencia que crece y está a punto de explotar en cada página, como un signo de rechazo a una vida que no supieron manejar y se les va yendo de a poco.

El texto está narrado en primera persona desde el punto de vista de las dos, primero una cuenta su historia y después la otra, como en un tejido de personalidades que se cruzan para dar cuenta de la soledad. Las dos viven aisladas, a las dos les duele la falta de amor, las dos intentan a través de la escritura dar cuenta de la desesperación de estar solas y no tener a nadie a quien recurrir. Escribir no salva, pero sirve para canalizar el sufrimiento. Los registros de las dos mujeres que se cruzan son muy parecidos, son dos voces femeninas que se asemejan, por el modo de hablar y la vida que tuvieron. Hay un paralelismo que por momentos hace difícil la distinción.

Cristina Civale es la autora de Las Tipas, su tercera novela luego de El hombre de mi vida serás tú y Adiós América. Periodista cultural, se la puede leer en su web

jaquealarte.com y en este suplemento, al tiempo que hace clínica de obra de manera individual. Su escritura fluye y las historias atrapan en un cúmulo de expresión que se sucede sin respiro. Las voces de estas dos mujeres dialogan entre sí, en un diálogo de dos personas que se aborrecen y se atraen, se repelan y se buscan, se complementan a pesar de la agresividad. El encierro en el psiquiátrico da cuenta de lo excluidas que están del mundo exterior, el afuera aparece como una opción de libertad deseada y lejana, como si fuera una cárcel, y como si el confinamiento y lo femenino no fueran casuales. Hay una ilusión de salir, un coqueteo con la posibilidad de irse, del psiquiátrico y de sus mentes que las mantienen presas del dolor que les dejó la pérdida. “Tratar de perdonarnos los dolores, los abandonos, los maltratos, los rencores, las mentiras, las tristezas moradas, la tristeza como golpes, la tristeza morada de muerte lenta y cansina”, afirma una de ellas. La tristeza mezclada con la soledad, como en una unión indivisible: “Me resultada inexplicable tanta soledad, semejante desapego del resto del mundo hacia ella, qué dolorosa despreocupación. Qué porquería vivir así, sin nadie que te quiera, si lo sabré”.

La enfermera fue abandonada por una mujer que amaba, la mujer que se interna, por el hombre de su vida, también la persigue el recuerdo de un hombre que no amó, con quien engendró una hija. La relación madre e hija emerge como una imposibilidad. No hay dulzura, ni la imposición del amor por el vínculo, hay una relación compleja de desencuentro y falta de comunicación. La hija también tiene voz y habla en primera persona entre medio de las dos mujeres. Busca el amor de su madre, su perdón, pero también la rechaza y le recrimina la falta de presencia en su vida. Para sobrellevar el dolor engorda. “De pura tristeza por su abandono había desarrollado un amor insolente hacia la comida.” Las problemáticas de las mujeres se multiplican: el desamor, la gordura que produce la tristeza, la maternidad que genera frustración, la soledad. En el medio la locura que tiene que ver con una mirada externa que no ve a la mujer dentro del contexto de desigualdad de derechos. El ser mujer en Las Tipas está ligado a ese transcurrir en el que el deseo y la realidad van separados, un quiebre que genera angustia y desolación a través de una narrativa que reconforta por su honestidad visceral.

Publicado en Pagina 12, febrero 2015