Roma

Un museo que se transforma en una sala de laberintos de cine que intenta revelar las obsesiones de Fellini, uno de los directores más notables de todos los tiempos.Y que además produce un encuentro imposible a través de las imágenes con Mika Ninagawa, fotógrafa japonesa contemporánea, que lucha por capturar lo que es universal en las personas y todo lo que la rodea con una mirada única.

Por Cristina Civale

Fotografía tomada en el set de filmación de La Dolce Vita, 1960. (Anita Ekberg y Marcello Mastroianni)

El 6 de noviembre concluyó la 5ª. edición del Festival Internacional de Cine de Roma donde triunfó el humor negro. El Marco Aurelio de Oro fue para la película belga Kill me please, de Olias Barco, una película, en tono de comedia, sobre la eutanasia rodada en una clínica donde se realizan suicidios asistidos.

En esta edición, el festival, trabajó en colaboración con el Museo de Arte Contemporáneo de Roma, Macro, en cuyas salas pudieron apreciarse las obras y estéticas contrastadas del eterno Federico Fellini y de la ascendente creadora japonesa Mika Ninagawa, que estuvo presente en el festival con una muestra que lleva su nombre. Sus fotografías, centradas en el mundo de la moda y en registros de su producción personal fueron las estrellas, en ellas narra, a partir de tomas reales, la existencia de un mundo intangible: el del paraíso.

Ninagawa se está consolidando como una fotógrafa capaz de transitar distintos y contrastados caminos: música, moda, publicidad y cine. Sus fotografías van más allá de la brillantez visual de los colores que emplea y, desde allí, afirma un personal punto de vista sobre el mundo que la rodea. Sus obras se caracterizan “además de los colores estridentes que invaden cada una de sus producciones- por tomar fragmentos de la vida real captada en su excepcionalidad: tomas de un universo efímero hecho de flores, peces y retratos, que con su cromatismo exasperado, restituyen una visión del mundo única y propia de la fotografía.

Sus peces, sus flores y sus retratos se transforman en parte de un universo de colores que parece no pertenecer a este mundo, lo que la crítica de arte japonesa Midori Matsui define como un mundo de ‘flores terrestres y colores paradisíacos’.

Una característica de su trabajo es no retocar las fotografías digitalmente, sus tomas son analógicas y los colores son creados desde la toma misma en un juego de luces reales que ella misma crea para generar esa sensación de irrealidad. Este mismo mundo es transferido a sus films. Su trabajo como directora es más reciente. Su película Saturan fue seleccionada para la sección Focus del festival romano, una sección donde se ponen a consideración del espectador las obras de los creadores noveles.

Ninagawa, con sus colores y su mundo, regala al espectador tanto en sus fotografías “exhibidas en el Macro- como en sus películas una visión contemporánea que, sin embargo, no se aleja de la milenaria tradición japonesa.

Su muestra “ realizada en colaboración con la galería Koyama de Tokio- estuvo colgada, durante los días del festival, en el espacio Auditorio Arte. Incluyó 50 fotografías de distintas dimensiones, colocadas sobre las paredes según un preciso orden temático donde el contraste cromático de las paredes, pintadas especialmente para la ocasión, hicieron de fondo a las obras, resaltando la investigación cromática, marca registrada de la artista.

El ya eterno Federico Fellini recibió, por su parte un homenaje multiplicado por cuatro, centrado en el 50 aniversario de la realización de su obra maestra, La dolce vita. Durante el festival se exhibió, como primicia mundial, la película restaurada en el auditorio del Parque de la Música, una de las sedes del festival. La proyección fue presentada por Martin Scorsese. La película fue restaurada por la cinemateca de Bologna en asociación con el Centro Experimental de Cinematografía, la Cinemateca Nacional, Pathé, Mediaset y Medusa Film y fue financiada por la casa de moda Gucci y The Film Foundation.

A su vez la Cinemateca de Bologna rindió homenaje al genial y caprichoso director con una muestra llamada ‘Laberinto Fellini’ que puede visitarse hasta el 30 de enero en el Macro Testaccio, la sede del museo que queda en una fábrica reciclada, alejada del centro de la ciudad, a pocos metros del río Tevere, una sede de reciente inauguración y que el mismo Fellini usó en su momento como locación para su película Entrevista.

La muestra está dividida en dos secciones. Una de ellas se llama ‘La grande parata’ (se puede traducir tanto como ‘La gran conversación’ o como ‘La gran parranda’, ambos tienen sentido en esta muestra). Allí se exhibe una selección de materiales desconocidos producidos por Fellini, tanto fotografías como dibujos. La otra sección, curada por el gran escenógrafo Dante Ferretti, es una especie de instalación mágica que pretende llevar al espectador al mundo de ensueño que el propio Fellini creaba en sus películas, muchas de ellas realizadas con Ferretti como director de arte.

Pero los homenajes a Fellini no terminan aquí. Hasta el 20 de diciembre, la Hemeroteca G. Spadolini de Roma ubicada en el senado de la Republica Italiana presenta una reseña expositiva que sólo incluye imágenes pertenecientes al año 60, el año de La dolce vita, contando qué sucedía en Roma mientras la creación de esta película tenía lugar, así lo deja claro su nombre: ‘1960. El mundo en los tiempos de La dolce vita’.

Finalmente, la municipalidad de Roma también armó su homenaje a Fellini, su vida y su obra y el contexto de su creación a través de la muestra ‘La dolce vita. 1950-1960. Estrellas y celebridades y los 50s italianos’. El recorrido expositivo, proveniente de obras del archivo Luce, una suerte de instituto de cine italiano, incluye más de 100 imágenes con los rostros y personajes más amados por el imaginario del pueblo italiano, ilusiones creadas por el cine y especialmente por Fellini. El homenaje a La Dolce vita se enriquece con la retrospectiva ‘Las noches locas de La Dolce vita’ donde lo que se expone intenta una reflexión sobre los films que anticiparon la atmósfera de su obra maestra, entre otros: El infiel de Mario Monicelli, Calle de la Esperanza de Dino Risi, La mujer del día de Mauricio Arena, Divorcio a la italiana de Pietro Gemi y Paparazzi di Neri Parenti.

Como cierre, el festival ofreció un film inédito e inquietante, El backstage recuperado dolce vita-mambo! en los que pueden verse los registros fílmicos realizados sobre el set de la película, los registro de los estrenos en Roma y Milán y todo el material encontrado sobre la preproducción del film.

Hace una semana Roma fue una fiesta e increíblemente sus protagonistas más en-cumbrados fueron un hijo adoptivo de la ciudad, Federi-co Fellini, y la ascendente y mulitifacética Mika Ninagawa. En Roma se produce un encuentro im-posible a través de la magia de las imágenes de dos creadores contemporáneos, sólo separados por las arbitrariedades de la coetaneidad, esa falta de timing de vivir y crecer en tiempos separados.

Publicado en Asterisco, de ElArgentino