Grete Stern: la alemana de los suburbios

La muestra Grete Stern, de Berlín a Villa Sarmiento despliega gran parte del material fotográfico de la creadora alemana y presenta una exhaustiva investigación sobre la vida de esta mujer que huyendo de la Alemania nazi, llegó a nuestro país. De los famosos sueños que transformaba en collages en la revista Idilio a un debate sobre el arte en los márgenes de la ciudad que pretende siempre tragarse a lxs creadores, la muestra incluye varias locaciones y trasciende la fotografía.
 Por judía tuvo que huir de la Alemania nazi perseguida por las huestes de Hitler. Grete Stern tenía entonces 34 años y ya había estudiado artes gráficas en la Kunstgewerbeschule y fotografía con Walter Peterhans. Con su amiga Ellen Auerbach había instalado un estudio de diseño gráfico en Berlín al que llamaron ringl+pit. En 1932 había cursado un año en el taller de fotografía de la Bauhaus donde conoció al fotógrafo argentino Horacio Coppola, con quien se casó y con quien dejó Berlín rumbo a Londres para escapar de la barbarie que se avecinaba. Allí vivió unos cortos años donde despuntó como retratista e inmortalizó los rostros de sus compatriotas exiliados, entre ellos a Bertolt Brecht.

Por entonces no tenía idea de que Londres no sería su destino final y que iba a pasar la mayor parte de su vida en Argentina, en un suburbio del conurbano bonaerense, Villa Sarmiento, partido de Morón. Durante muchos años por error de cartografías mal diseñadas se decía que Stern vivía en Ramos Mejía. Los territorios vecinos se disputaron la parada de su largo exilio pero ganó la verdad que ofreció un mapa infalible. Eso era Morón, partido de Villa Sarmiento. En ese tiempo puro campo y tierra. Alli se instaló con Coppola y  criaron a sus dos hijos. Lo hicieron en una casa magnífica diseñada por el arquitecto ruso Wladimiro Acosta, uno de los promotores de la arquitectura moderna en el país.

Cobijo de artistas

Artista de vanguardia, sobreviviente, retratista, feminista, militante, encantadora anfitriona, Stern fue todo eso. Apenas llegó a Buenos Aires, hizo de su casa espléndida un cobijo para artistas por donde pasaron desde Jorge Luis Borges hasta Pablo Neruda. Y antes se codeó con Victoria Ocampo y las páginas de la revista Sur. Fue una mujer curiosa y dotada. Alegre, inquieta y sociable. Hizo de su casa un espacio donde se discutía de arte durante los tiempos áridos de la Segunda Guerra Mundial.

La muestra homenaje que se realiza en Villa Sarmiento tiene como objetivo descentralizar el arte visual de la esfera urbana además de remarcar las raíces donde Grete desarrolló parte de su carrera inigualable. También sobrevuela la convicción de devolverle al partido el honor de haber cobijado a una de sus ciudadanas más ilustres. Porque Stern, a pesar de haberse divorciado de Coppola, se hizo ciudadana argentina y no añoró la tierra de la que debió huir, allí donde su madre se suicidó para evitar ser confinada en un campo de concentración. La muestra homenaje, cuyo concepto fue diseñado por la fotógrafa Rosana Simonassi quien es además coordinadora del flamante Corredor de arte del Oeste, está articulada en cuatro pasos que se distribuyen en diversos espacios: el Museo de Morón, la Sala de exhibiciones Villa Mecenas, la Galería a Cielo Abierto de Plaza San Martín, el Honorable Consejo Deliberante y el Teatro Gregorio de Laferrére.

En la galería a cielo abierto se exhiben reproducciones de su famosa serie Los sueños en versiones directamente copiadas de la revista Idilio donde fueron publicadas y que fueron facilitadas por la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Se trataba de unos curiosos collages a través de los cuales debía interpretar los sueños que enviaban las lectoras a un correo abierto para tal fin. La sección se llamó “El psicoanálisis te ayudará” y no sabemos si habrá ayudado a las lectoras, lo que sí consta es que de ese objetivo delirante y algo anacrónico surgió una de las obras más exquisitas realizadas por Stern. Grete narró 146 sueños/pesadillas de mujeres argentinas. Los protagonistas de las fotos eran sus amigos, familiares y vecinos, y las imágenes complementarias -paisajes, fondos, objetos, personajes secundarios- fueron tomadas de su propio archivo. Stern publicaba a las apuradas el fotomontaje y luego lo mejoraba y lo volvía a fotografiar para su colección personal. En ellos desarrolló su veta surrealista y dejó entrever su visión del universo femenino, encorsetado y sufriente en un mundo manejado por hombres.

Madrina Madí

La exhibición documenta su vida cotidiana y también las reuniones con sus pares artistas. A su vez da cuenta de su papel como madrina del arte Madí ya que en ese inesperado suburbio se creó la revista Arturo, un único número dedicado al arte abstracto y en donde participaron artistas como Gyula Kósice, Arden Quin y E. Bayley, entre otros. En ese encuentro editorial se forjó un poderoso grupo de artistas cultores del arte moderno del que Stern fue la madrina y protectora. La casa de Villa Sarmiento se consolidó como un centro de producción y debate y allí tuvo lugar la segunda muestra del grupo Concreto para la que Stern diseñó un fotomontaje para la invitación, demostrando que Madí era una marca que sellaba la sensibilidad urbana.

El homenaje consta también de la proyección de un documental biográfico, Grete. La mirada oblicua, de Matilde Michanié y Pablo Zubizarreta, realizado en 2016. En la proyección se realizará un debate con la presencia de la directora, la investigadora del Conicet Paula Bertúa y Rosana Simonassi en el Teatro Municipal Gregorio de Laferrére.

Por su parte en el Honorable Consejo Deliberante se realizará la presentación de música experimental contemporánea a cargo de Mariana López, la proyección de la pieza en video de la artista visual Silvina Jigena, la actuación del Coro Femenino y la presentación de Soema Montenegro como espectáculo central.

Este homenaje multidisciplinario en pleno corazón del lugar donde consolidó su carrera y contribuyó al desarrollo del arte de vanguardia nacional cumple el cometido que la creadora de la muestra, Rosana Simonassi, se propone: descentralizar las artes visuales del territorio urbano, ofreciendo arte en sus múltiples facetas y también cumpliendo un objetivo pedagógico en zonas periféricas que por un denodado centralismo perdieron no sólo a sus creadores sino también su posibilidad de acercarse a la cultura.

Grete Stern, que toda su vida tuvo un ojo avezado, sufrió en 1985 una dolencia ocular que la obligó a dejar la fotografía. Antes fue la primera mujer en ocuparse del departamento de fotografía del Museo Nacional de Bellas Artes y una intrépida buceadora en mundos desplazados. Así se sumergió en el Chaco profundo donde registró más de mil quinientas imágenes, muchas de las cuales serán proyectadas en este homenaje.

Falleció la nochebuena de 1999.  Ernesto Schoo, frecuente invitado a la casa, declaró por entonces al diario La Nación: “Conocí a Grete cuando vivía con su entonces marido Horacio Coppola, en una casa racionalista que había proyectado Wladimiro Acosta. Allí nos juntábamos con Pepe Fernández, Horacio Verbitsky, Kosice, María Elena Walsh, Alberto Greco. Nos divertíamos mucho: se cantaba, se tocaba la guitarra, el piano. Eramos jóvenes, estábamos descubriendo el mundo, y visitar la casa de Grete era una manera muy agradable de descubrir el mundo. Había mucha alegría y mucha sensibilidad.

Creo que el rasgo más importante de la personalidad de Grete es que siempre rescataba lo humano, aunque se tratara de un objeto. En ella yo encontraba algo que nos hace muchísima falta: cierto candor para vivir y mirar la vida. Tenía una mirada casi de niña, un gran encanto personal. Nunca supeditó la técnica a ese sentimiento de ternura que ella tenía hacia todas las cosas. Uno la sentía como una verdadera amiga”. Y ése es el espíritu que esta muestra espera recuperar para sus visitantes.

Publicado en el suplemento Las 12 del periódico Página 12 en julio de 2017
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