Pecci Carou: femininja en zapatillas

Este año probablemente esté marcando un hito en la carrera de Fátima Pecci Carou (Buenos Aires, 1984), pintora, música y artivista. Dos muestras en solitario, una participación en una gran exposición en el CCK y una lectura performática armaron y aún están por completar su agenda de 2017, que se vio sacudida por la violencia patriarcal que la convirtió en presa durante doce horas, junto a otras seis chicas, por promover en la calle el Paro de Mujeres que tuvo lugar el 8M.

Dos mil dieciséis fue testigo de una muestra ardiente: Algún día saldré de aquí. Allí, la artista feminista Fátima Pecci Carou expuso una serie de retratos pictóricos de jóvenes mujeres argentinas que fueron víctimas de femicidios o que aún se encuentran secuestradas por redes de trata y prostitución. Eligió una frase de Marita Verón para dar nombre a su muestra.

Desde chica, cuando decidió que quería ser pintora porque pintar le salía fácil, “ya sentía que había un elemento de rebeldía o de cuestionamiento con respecto a cierto camino mas normativo –cuenta a Las12–. Creo que el germen feminista estaba implícito en esa decisión de ser artista”. Y así fue sucediendo, casi como un tránsito inevitable.

Mi cuerpo es de todos mi corazón es mío,  su primera muestra individual, “fue una toma de decisión sobre las temáticas que me importan y las que no”, explica. “Trabajar con posiciones corporales de prostitutas o chicas que se sacan fotos en la web para trabajar. Algo del cuerpo de las mujeres tenía que ver con una toma de decisión política y vivencial. Ir caminando por la calle y recolectar los papelitos de los prostíbulos era para mí ir encontrando acuarelas o pinturas, algo de esa imagen tan pregnante y concreta me interesó llevar de la calle a la galería” dice.

Desde ya hace unos años su quehacer artístico se hilvana con su trabajo como artivista. ¿Cómo corren juntos estos caminos? “Como decía Mónica Mayer –explica Fátima– con el colectivo mexicano Polvo de Gallina Negra, ‘en este mundo es difícil ser artista, más peliagudo ser mujer artista, y tremendo tratar de ser artista feminista’. Creo que la manera para que congenien ambos mundos, – cada uno de los cuales requiere de mucho tiempo, dedicación y puesta del cuerpo–, es concebir una obra como un acto de militancia, y al revés. Cada acción de activismo debe entenderse como una imagen, en mi caso como una pintura. En una de mis últimas obras probé convertir un cuadro en un cartel de marcha, y a su vez los palitos que sostienen el cartel/pintura son dos piernas, así que las hice calzar un par de zapallitas”.

A mediados de año expuso en El Cultural San Martín su muestra Lo real en la fantasía. Se trató de una serie de pinturas que reflexionan sobre la sexualidad y la violencia ejercida hacia el cuerpo de las mujeres, trans y travestis. “Esta violencia cotidiana –afirma– que muchas veces es naturalizada y soslayada, aparece en las representaciones de animales salvajes pintadas en los cuadros que decoran los interiores”.

Lola Arias la convocó en agosto para participar de su nueva edición de Mis documentos, una acción que sucede por única vez y que podría llamarse, quizá no muy precisamente, lectura performática. “Lola me invitó a que recorriera y compartiera con el público proyectos de arte y activismo feminista –cuenta Fátima–, pero le interesó que lo contara en primera persona, incluyendo anécdotas de mi vida personal y de mi infancia que hasta el momento no había tomado dimensión en relación a mis obras y a mi activismo. Ella me propuso contar cómo me convertí en feminista, mas que explicar qué es ser feminista”. Así armo su acción ¿Cómo me convertí en una feminista? Mi causa judicial,  donde mostró fotos que guardaba en su computadora sobre casos de femicidios y allanamientos de prostíbulos y parte de los retratos de la serie Algún día saldré de aquí. “Finalmente en todo el recorrido fuimos armando con Lola un relato in crescendo hasta llegar a la última escena en la que conté al público sobre la detención del 7 de marzo. Invité a mis compañeras de la detención y cada una leyó la descripción física que aparece en el legajo de la causa. También pasamos el video que filmó una de las chicas cuando nos estaban persiguiendo y finalmente nuestra abogada, Gabriela Carpinetti, leyó nuestra defensa. Para darle un toque de humor mostré las placas que salieron en Crónica TV sobre nuestro caso”.

Parte de sus retratos de prostitutas forman parte de la muestra en curso El puñal invisible, que se exhibe en el CCK con curaduría de Patricia Rizzo.

Ahora mismo se encuentra trabajando en lo que será la gran muestra de este año: Kosupure/Cosplay. “Esta nueva serie de pinturas son escenas de interiores con personajes de manga y animé –cuenta–. Yo venía trabajando con imágenes de prostíbulos clandestinos y ese interior fue mutando hasta convertirse en múltiples interiores: interior de una casa, de un museo o de un libro de historia del arte”. Esos interiores, efectivamente, hacen referencia a la opresión y a la invisibilidad hacia el trabajo de las mujeres ya sea en el ámbito doméstico, donde las tareas hogareñas no son remuneradas ni reconocidas; tanto como en el ámbito del museos, donde el porcentaje de artistas mujeres en las colecciones y en el relato de la historia del arte es muy inferior a lo que sucede en la realidad.

El nuevo personaje que incluye en esta serie es una empoderada femininja. “Se me ocurrió trabajar con la figura del animé –se explaya–, tomando como referencia al manga Ranma ½, escrita e ilustrada por la artista Rumiko Takahashi. El personaje principal de este comic es un practicante varón de artes marciales que se transforma en mujer al tocar el agua fría. Esa transformación fue interpretada por el personaje como una ‘maldición’, pero es en realidad su fuente de poder. Me interesó que por primera vez el manga tomase la cuestión transgénero por un lado, pero también el indagar en el prejuicio vigente en la cultura machista que sostiene que por cuestiones biológicas, las mujeres no somos tan buenas artistas o guerreras como los hombres. Entonces en estos interiores de opresión yo tomo esa idea de la transformación del manga Ranma ½  para representar a  personajes femeninos que adquieren una actitud de empoderamiento, es decir, se transforman de víctimas a femininjas guerreras”.

La muestra en preparación se inaugurará a principios de noviembre en el espacio Selva negra, que coordinaba anteriormente Fernanda Laguna y que hoy lleva adelante Silvina Sicoli.

Fiel a su ser artivista, Fátima se entusiasma con lo que está preparando: “Voy a mostrar, entre otras cosas, una pintura que lleva dos maderas por detrás, cual pancarta o cartel de marcha. Estas dos maderas se paran a su vez sobre las zapatillas que yo usé la noche de la detención, el 7 de marzo. Mi idea es hacer que una pintura sea análoga a una pancarta y a la vez hacer que de esa forma la pintura parezca un cuerpo que camina. Me pareció interesante incluir mis  zapatillas para señalar nuestro derecho a la protesta en la calle. También espero poder apuntar una referencia a las nuevas normas que nos están imponiendo ahora sobre cómo circular en la vía publica y sobre los últimos episodios de violencia en las marchas, que siempre fueron pacificas”.

Pero el quehacer de Fátima aún se extiende. Produce el fanzine XOXO para difundir artistas mujeres y colabora con el proyecto Girls Rock Camp Brasil, escuela de rock para niñas. También escribe reseñas sobre arte contemporáneo para Jennifer Revista y sobre cultura y feminismo para el sitio Latfem.org. Toca en el dúo de surf garage Xoxobomba!. Y, probablemente, por este año la agenda se plante aquí.

Publicado en el suplemento Las 12 del diario Pagina 12 en noviembre de 2017

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