Realidad intervenida

Pintores, escultores y fotógrafos latinoamericanos expresan sus puntos de vista sobre la pandemia, el medioambiente o el feminismo a través de su obra.

El activismo está copando la parada en el mundo de las artes visuales. Y no solo eso, sino que a esta altura ya está dividiéndose en muchos casos por intereses que trascienden lo meramente político, el disparador de su nacimiento. Así como en los 60 la onda expansiva del Cordobazo produjo la movida de «Tucumán arde» o el desbarranque de 2001 dio nacimiento a colectivos como GAC o Escombros, el panorama de la pandemia, el auge del feminismo y las luchas por el cuidado del planeta arman sus propios nichos y movimientos. En síntesis, los artistas se preocupan por los hechos que convulsionan nuestra contemporaneidad.
«Dentro de las artes visuales, el activismo es una forma de materialización del ansia que, al menos desde el siglo XIX, forma parte del impulso de transformar, de unirse con la vida», señala la académica Andrea Giunta. «La fusión arte-vida es una pulsión constante de la vanguardia. Cada contexto actualiza esa agenda. Así como en los años 20 en Argentina los artistas encontraron en la gráfica y en la impresión un área para materializar este impulso, en los 60 se inscribió fuertemente en la transformación radical de los lenguajes que buscaban incidir en la realidad. Los contextos de crisis, la militancia gremial, la lucha por los derechos humanos, la ecología, el feminismo, las diversas crisis, plantean horizontes en los que el arte reimagina su poder de intervención».
Para Ana Gallardo, creadora argentina que reside desde hace años en México, «el arte es activismo. Siento que es una práctica realizada con les amigues, con les compañeres, dirigida hacia todos los frentes posibles. Para mí siempre ocupa el primer lugar: es una herramienta transformadora. Actualmente trabajo en el DF en la Escuela de envejecer, una pieza que considero que es puro proceso. Son acciones y performances que hago en colaboración con mujeres jubiladas, que ahora hacen actividades que no pudieron realizar en su juventud. Me gusta proponer la idea de revancha: ahora que somos invisibles, después de la menopausia, hacemos por fin lo que queremos. La idea principal de la pieza es que estas mujeres son maestras de esas actividades. Siguiendo el deseo, lo hacen como se les da la gana y no como debería ser».

Estética y política
La Internacional Errorista/Grupo Etcétera, integrado por la chilena Loreto Garín y el argentino Federico Zukerfeld, sienta su posición. «Etcétera nunca se definió como un colectivo activista o artivista, nos reconocimos siempre como artistas con una marcada ideología política anticapitalista, antifascista, con un fuerte rechazo al arte comercial», dicen en una suerte de manifiesto enviado a Acción. «Por eso mismo buscamos otras éticas, estéticas y escenarios para la realización de nuestras prácticas, que van desde la performance, la gráfica, los objetos y la escritura, hasta el video, la pintura, la escultura y las instalaciones». Entre los movimientos que buscan una transformación social y que consideran afines a sus intereses, mencionan a los feministas, antirracistas, campesinos, indígenas, afrodescendientes, ecologistas, inquilinos e indocumentados.

Movimientos. La fachada de la Casa del Bicentenario con las banderas de Nosotras Proponemos y el registro de una marcha realizado por SubCoop. (Prensa – Subcoop)

La militante feminista María Galindo, cofundadora del colectivo Mujeres Creando, propone desde Bolivia pensar y actuar sobre cinco temas urgentes que, dice, no pueden justificarse ante el avance del coronavirus: el fascismo, la colonización, la corrupción estatal, la violencia machista y el hambre. «Quédate en casa no es igual a quédate callada en casa», dice una de las frases que se pueden leer en las mascarillas confeccionadas por Mujeres Creando. Hechos de tela lavable color lila, los barbijos han sido denominados «bozales para humanos». Con ellos no solo ofrecen un medio de prevención contra la enfermedad, sino también un llamado de atención en un país con numerosas asignaturas pendientes en materia de violencia de género.
La cooperativa de fotógrafos SubCoop también expresa su compromiso a través de su trabajo. «Siento que se incorporó una nueva dimensión a la idea de activismo, que es la que termina prevaleciendo hoy en día», señala Nicolás Pousthomis, uno de sus integrantes. «Cuando empezamos a militar a fines de los 90, la lucha de los 70 estaba todavía muy presente y representaba una carga pesada. Recuerdo que se asociaba la militancia con un sacrificio personal en pos de “un mundo mejor”, la revolución del Che, el “hombre nuevo”, un esfuerzo necesario que traería sus frutos en el futuro. A partir del año 2000 y con la llegada del zapatismo, el altermundialismo e HIJOS, se incorporó o se terminó de aceptar que la militancia es también para uno y que cada persona se involucra en ella por la satisfacción propia, para sentirse feliz y útil con lo que hace», agrega.
En definitiva, para Pousthomis se trata de «disfrutar del activismo, de la militancia y de las acciones que se emprenden. Me parece que la percepción del activismo va evolucionando cada vez más hacia esa segunda filosofía, por eso pone tanto el acento en la micropolítica, en la importancia de los actos cotidianos y en poner en práctica aquello que se declama en el discurso. Para nosotres, formar una cooperativa y modificar las relaciones de poder dentro de nuestro colectivo fue un acto político y militante que tuvo más impacto que todos los reportajes y coberturas que hayamos podido tener», completa. En los últimos años, muchas de esas fotografías han sido publicadas en las páginas de Acción.
A modo de cierre, la que aporta su mirada es la pintora y escultora Cristina Schiavi, como portavoz de Nosotras Proponemos, la asamblea permanente de trabajadoras del arte. «El activismo se desarrolla teóricamente en las calles y en los lugares de trabajo, acción que la pandemia imposibilitó, pero igualmente pudimos organizarnos a través de las redes para llevar adelante proyectos importantes. Entre otros, participamos de la reelaboración del reglamento del Salón Nacional para que se implemente la representación igualitaria en la conformación de jurados y en la premiación de los artistas. Participamos de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito. Y el 8M de este año realizamos una intervención en la fachada de la Casa del Bicentenario con nuestras banderas, que llaman al paro internacional de mujeres con los perfiles de artistas contemporáneas extraídos de la obra de Rosana Shoijett».


Bandera multicolor

Pionera del activismo artístico, Lisa Kerner es una de las creadoras de Casa Brandon, un espacio cultural múltiple que empezó como lugar de reunión para las minorías pero que hoy es mucho más que eso. «La comunidad LGBTIQ+ se encuentra atravesando un momento complejo», observa. «Por un lado y puertas adentro, hay un fuerte repensarse en términos identitarios, poniendo en cuestión la misma sigla LGBTIQ+ y ese signo “más” que toma relevancia y viene a patear el tablero. Por otra parte, el avance de las derechas en el mundo cohesiona al movimiento que, a su vez, ha tenido que sortear con mayor o menor éxito los embates del aislamiento y el distanciamiento, el cierre de los espacios de circulación y el desarrollo de las prácticas artivistas. La brecha entre quienes tuvieron que agudizar el ingenio para subsistir, para comer y quienes debieron hacer malabares para poder seguir existiendo en términos profesionales o políticos, no fue una grieta gracias al compromiso de muches que pudieron activar redes de contención. También aparece la figura del Estado, dando espacio a través del Ministerio de Cultura de la Nación, que organizó actividades para dar visibilidad y recursos».

Publicada en la revista Acción, agosto 2021