Marjane Satrapi murió de tristeza en París

Eso dice la familia de Marjane Satrapi para explicar la muerte de la creadora de Persépolis.

Tenía 56 años, había nacido en Irán y escapado del Ayatollah hacia París, donde dejó de respirar para siempre. Su compañero, Mattias Rippa, había muerto hacía más de un año.

Es por lo menos extraño escribir esto apenas doce horas después de regresar de la multitudinaria concentración en el Congreso convocada por Ni Una Menos bajo la consigna «dejen de matarnos», cuando hasta ayer, 3 de junio de 2026, ya se habían contabilizado en Argentina 98 muertes por femicidio durante este año que recién comienza su segundo tiempo.

Morir de tristeza, morir de amor: ¿por qué todo tiene que terminar en muerte?

¿Hay muertes y «muertes»?

La expresión «murió de tristeza» aparece en los medios con una naturalidad que jamás aceptaríamos para otras emociones.

Nadie titula que alguien murió de rabia.

Nadie escribe que murió de humillación, de nostalgia o de miedo.

Sin embargo, la tristeza parece haber obtenido una ciudadanía especial como causa de muerte. Tal vez porque todos conocemos alguna historia que parece confirmarla.

Personas que, después de perder a alguien fundamental, comienzan a apagarse.

No se suicidan. Algo se repliega. Algo pierde fuerza.

La medicina suele desconfiar de estas explicaciones porque no constituyen un diagnóstico. Pero las familias insisten en ellas. Los amigos también. Y los periodistas las reproducen porque todos creemos entender de qué están hablando.

Quizá no existan las muertes de tristeza. Quizás existan los relatos de tristeza que construimos cuando las explicaciones médicas resultan insuficientes.

Porque toda muerte necesita una causa, pero también necesita una narración.

El certificado dirá una cosa.

La familia dirá otra.

Los diarios elegirán una tercera.

Y los vivos seguiremos buscando palabras para explicar una pérdida donde no hubo mano propia o ajena, infecciones, tumores, diágnóstico…

Tal vez por eso me resulta tan perturbador leer que una mujer murió de tristeza…

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