Charly Nijhenson y la lentitud de un viaje poético

Hombres en un paisaje desolado, donde el tiempo parece haberse detenido. Algo de eso se verá la semana próxima, cuando se estrene casi simultáneamente en Londres y en Proa el video Dead forest (Storm), una obra que “dice el artista“ tiene resonancias políticas en una medida humana, no épica.

Dead Forest

Son las 9 a.m. en Buenos Aires, hora de una cita telefónica transatlántica con Charly Nijensohn, videoartista porteño residente en Berlín, hermano menor del mítico DJ Dany Nijensohn. Luego de la fiesta menemista y del derrumbe de las instituciones, Nijensohn decidió que era tiempo de darse la oportunidad de volver a empezar y fundarse una nueva vida. Quizá arrojó los dados o hizo girar el mapamundi; lo cierto es que en 2000 se mudó a Berlín con su mujer, la artista Marula Di Como, y desde entonces vive y trabaja allí. “Es un lugar muy cómodo para trabajar “dice“. Me resulta muy fácil conectarme con el resto del mundo y, como los inviernos son largos, aprovecho para trabajar intensamente. Mis obras llevan mucha producción.”

En estos días es noticia aquí y en Europa: casi simultáneamente se estrena en la Fundación Proa “23 de enero“ y en la prestigiosa galería Whitechapel, de Londres “20 de enero“, su última creación, el video Dead forest (Storm).

Como todos los trabajos que viene realizando desde que fundó el grupo Ar Detroy junto a Ariel Pumares y Fernando Dopazo, con quienes realizó la videoinstalación “Un acto de intensidad”, creada en las Salinas Grandes, Jujuy, se nota una actitud de persistencia sumada a la elección de un espacio desértico y a la lentitud de un viaje poético. La obra fue transpuesta en pantallas exhibidas en simúltáneo que, en su multiplicidad, transmitieron una desolación inolvidable para todos aquellos que pudimos verla en el MAMBA, recién abierto en la Avenida San Juan.

Probablemente esta obra haya sido la piedra fundacional de todo lo que vino después: Nijensohn no es solo un videoartista, es también poeta, sonidista, montajista, fotógrafo y perfomer. Quizá toda su actitud fronteriza “y que se entienda lo que se quiera con esta definición“, su marca registrada, la haya consolidado desde su participación en la mítica Organización Negra (Fernando Dopazo, Leandro Pérez, Miguel Mitlag, Ariel Pumares, Marcelo Valiente, Juan Manuel Salas y Fernando Armani).

Así es, Charly no escamotea poner el cuerpo en sus creaciones “su cuerpo fue el primer soporte de su obra“ y convertirlas en aventuras o safaris de alto riesgo. “Mi paso por La Negra “cuenta“ me marcó el alma para siempre. Vivimos muchas situaciones intensas, mucho burning, y siempre estoy buscando repetir esa emoción, ese límite”.

La obra que se verá en simultáneo en Buenos Aires y en Londres “Dead forest (Storm)“ le llevó ocho meses de investigación. “Treinta años atrás “explica“ el gobierno brasileño autorizó la construcción de una represa hidroeléctrica en el corazón del Amazonas. El objetivo era proveer de energía a la ciudad de Manaos. En realidad lo que pasó es que esa represa creó el largo artificial más grande del mundo y obligó a las comunidades originarias a desplazarse. Sus tierras de toda la vida se estaban inundando y ellos tuvieron que irse.” De ese descubrimiento de usurpación de tierras, nació su nueva obra.

Luego de investigar a través de Internet, fotografías, intercambios de correspondencia de habitantes de la zona, Nijensohn viajó a Manaos “previas escalas en Amsterdam y San Pablo“ y de allí se trasladó en camioneta, junto a la artista Teresa Pereda y a Juan Pablo Ferlat, también artista y su mano derecha en estas incursiones. “Allí paramos en una posada muy precaria, precaria de verdad, dormíamos en colchones y trabajamos durante tres semanas. Vicente Cardozo fue nuestro interlocutor y el creador de las cajas donde flotaban nuestros ”personajes”. Yo trabajo al amanecer o al anochecer, por la luz. Esta vez arrancábamos a las cinco de la tarde y durante el día, Teresa y Juan realizaban sus propias obras. Yo trabajo con pares, siempre. Soy un tipo solitario y trabajar con colegas es mi manera de socializar.”

La dificultad de su emprendimiento y de todos los anteriores parece, tanto en producción como en financiamiento, un gesto evidente. Si se le pregunta cómo la encara, su voz se pone seria y enfática: “Todo puede parecer muy bohemio pero no lo es. Como el trabajo es tan difícil debe tener una sincronización de relojería. Está todo muy organizado. Vamos con un plan, pero también abiertos a que la realidad nos sorprenda. En la posada precaria había electricidad, cada noche chequeábamos el material y en función de eso, seguíamos al día siguiente. Por el tipo de trabajo que hago necesito emplear equipos ligeros. Llevo dos cámaras de video HD pequeñas y dos cámaras de fotografía”.

En sus obras siempre hay pequeñas figuras de hombres flotando, sobreviviendo, haciéndole frente a una naturaleza tan inmensa como adversa. Uno puede imaginar que son sus clones, preguntarse quiénes son, de dónde los saca, por qué nunca hay mujeres en sus obras. Aclara: “Siempre trabajo con gente del lugar y trato de que las personas que se ven no se reflejen ni como hombres ni como mujeres, busco que sean neutrales”.

Entre incontables logros, Nijen-sohn representó a la Argentina en la Bienal de Venecia de 2003, sus trabajos se exhiben en inumerables museos, desde el MoMA de Nueva York hasta el Malba de Buenos Aires, y en las dos últimas ediciones de arteBA su obra alcanzó, como nunca, prestigio y cotización. Quizá por esto ha ideado una astuta forma de financiar sus puestas “videos, fotografías, montajes de video“: Nijensohn ofrece a sus más fieles coleccionistas comprar fotografías y el video de la obra por hacer, antes de que esté terminada. Nunca hace más de seis copias. Las ofrece a precios menores que los que tendrán las obras cuando estén terminadas. Con el ingenio de la autogestión, este artista que reniega de tener una galería que lo represente, encontró un modo legítimo de autofinanciarse. Así lo ha hecho con Dead forest y también con su obra inmediatamente anterior, El naufragio de los hombres. Cuenta: “Esta serie de fotografías y videos también requirió de una poderosa producción. Me interesa dejar puertas abiertas, propongo un trabajo que es político. No hago un statement, lo planteo y luego tiene resonancias”.

El naufragio de los hombres es una serie de fotografías y videos realizados en enero del 2008 en el Salar de Uyuni, Bolivia. Con sus 12 mil kilómetros cuadrados a unos 4 mil metros sobre el nivel del mar, es el desierto de sal más extenso del mundo. Si bien es una de las regiones más áridas del planeta, durante los meses de lluvia, enero y febrero, se inunda y se convierte en un paisaje surrealista. “Optamos por utilizar un avión Douglas DC-3 de los años 50 “explica Nijensohn“ como medio de transporte, que aterriza directamente en el salar, una operación de cierto riesgo ya que el terreno que utiliza la máquina como pista también puede inundarse. Para la realización de las tomas, conté con el apoyo de integrantes de la comunidad aimará del pueblo de Colchan.”

Su trabajo es verdaderanmente único. El responde con precisión cuando se le pide que lo defina: “Utilizo la expresión ”non-fiction”. Son imágenes que están al filo de la realidad y la ausencia de todo tipo de manipulación digital encuadra mis ideas dentro de un plano de manifiesto político y poético, despojado de todo artificio. Como parte de este mismo concepto, no existen indicaciones de vestuario, guión o comportamiento”.

Algunas obras que definen su trayectoria son La caída del sistema, Viaje a ninguna parte, Diez sonidos para diez imágenes, entre otros nombres que delinean la obstinación de sus intenciones como artista. Al respecto, confiesa: “Pienso lo político en una medida humana, no épica, lo planteo y luego tiene resonancias según quien lo mire”.

Muchos miran y quedan fascinados. Tras los hombrecitos estaqueados en parajes aparentemente idénticos se desgrana toda una poética, muy personal en estos tiempos de copias ad infinitum, una obra en sintonía con los avatares de la contemporaneidad: desde su resultado hasta el esmero obsesivo del trabajo emprendido por lograrla y hasta el empecinamiento de ser independiente a la hora de realizarla y venderla.

“Soy un tipo ostinato “concluye“, voy para adelante como sea. ¿Terquedad? Bueno, puede ser”.

Publicado en Revista Í‘