Cristian Segura: La tierra tiembla

Sobre la fachada del San Martín, en pleno centro porteño, el fotógrafo Christian Segura muestra Sismo en Chile. El Museo en ruinas, un conjunto de imágenes que cuenta los daños sufridos por el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago en 2010. Pero no es una serie documental: la gigantografía propone ser lecturas dislocadas, inclusive ser vista con anteojos especiales que introducen un espacio tridimensional. Y que se trate de un museo no es casual: el trabajo de Segura, desde siempre, cuestiona la institución, su vigencia y su poder.

Cinco fotografías de gran tamaño componen la gigantografía que ocupa desde hace un mes la fachada de El Cultural San Martín en la esquina de Sarmiento y Paraná, en pleno centro porteño. Sismo en Chile. El Museo en ruinas se llama la serie fechada entre 2010 y 2012 por el fotógrafo Christian Segura, clase 1976, oriundo de Tandil, ciudad donde vive y trabaja. El conjunto de fotografías dan cuenta de los daños sufridos por el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago luego del sismo que sacudió el centro-sur de Chile en 2010. No se trata sin embargo, de un registro documental. Las imágenes proponen dos lecturas dislocadas por los procedimientos que creó el artista para su percepción.

A simple vista, parecen sólo fotografías compuestas por dos capas de color, cian y magenta. Las capas se encuentran ligeramente desfasadas y con este efecto se evoca con efectividad el temblor de la tierra resquebrajando el museo. Sin embargo, la obra permite otra visión, para la cual fue hecha y destinada: ser observada con gafas anáglifo. De este modo la gigantografía nos introduce en un espacio tridimensional, creando una obra de realidad virtual que adentra al espectador en la escena de la catástrofe luego de que esta ha sucedido.

Nada es azaroso y mucho menos que el artista haya elegido el Museo mayor de Santiago para, en apariencia, sólo transmitir visualmente el abismo de un terremoto. El verdadero corazón del temblor está plantado en la institución museo, cuya función tambalea en el S. XXI y Segura se ocupa de cuestionar.

Toda su obra parece atravesada por una única preocupación: la de ponerle signos de pregunta al lugar del museo en la contemporaneidad.

Segura fue una suerte de joven prodigio. Con 23 años dirigió el Museo de Bellas Artes de Tandil y recibió el premio Hugo Parpagnoli al Museo del Año por parte de la Asociación Argentina de Críticos del Arte (2001). Esa experiencia, la de inmiscuirse en los asuntos que rodean el trabajo en un museo, lo marcó de tal modo que lo motivó a crear un arte propio en donde expresa su cuestionamiento a la institución. A pesar de que trabaja con distintos medios como el dibujo, la fotografía, el objeto, la instalación, la performance, el video y la video-instalación el tema recurrente en su obra juega con todo lo que circunda al concepto “museo”, ese espacio donde se atesora el patrimonio artístico como testimonio de una época, de un lugar o de una corriente expresiva.

Segura jugó en su cuerpo de obra con libros de artista realizados a partir de catálogos de muestras; con intervenciones con toneladas de vinilo en las fachadas tanto de museos como de ferias internacionales; con la violencia de golpear la fachada del Museo Carrillo Gil de México DF (MACG) con una réplica escultórica de su cabeza. Una cabeza hecha a su imagen y semejanza en escala uno a uno, en 2012 como obra de sitio específico.

Segura realizó una video-performance en la que lanzó la mencionada réplica escultórica de su cabeza contra el muro del espacio expositivo. Su cabeza, devenida objeto de arte, logró romperlo, pero quedó atrapada en el interior del hueco del muro. El museo restauró el hueco con la cabeza-obra ahí, haciendo de la pieza un elemento de su estructura arquitectónica. “Refiere a la ‘institucionalización de la crítica institucional’ –afirmó Segura en su momento– como los museos han sabido integrar la función crítica en la propia institución, incluso aquellas propuestas más radicales, haciendo de esta radicalidad una de las estructuras que sustentan, física y discursivamente, el poder del museo”.

Exactamente así es como puede leerse ahora la gigantografía que corta el cielo de la esquina porteña, una gigantografía donde el temblor sucede o sucedió, un museo de arte destruyéndose o destruido que se instala en la pared que da la bienvenida a un espacio cultural de la ciudad de Buenos Aires.

La obra de Segura está hoy colgada en El Cultural San Martín como resultado de un concurso abierto lanzado por la institución que depende del gobierno porteño para cubrir las muestras del año de cada uno de sus espacios. “Para la fachada con la gigantografía se presentaron 20 propuestas”, explica a Radar Mariano Soto, curador de artes visuales de El Cultural San Martín y jurado del concurso junto a las curadoras Patricia Rizzo y Adriana Lauría. La serie fue elegida por su temática cuestionadora, asegura Soto, pero también “porque el tamaño de las imágenes y su composición eran los adecuados para ser leídos y captados a veinte metros de altura, fundamental para la propuesta; porque las imágenes tienen doble lectura desde lo visual y porque es una obra que, guardando una fuerte conceptualización, no deja de interpelarnos desde lo estético y lo visual. Son imágenes contundentes, raras pero bellas; la cita a la arquitectura academicista relacionada a las instituciones culturales del siglo XIX, cierto extrañamiento en el caos y la ruina, nos parecieron inquietantes”.

Así la imagen de un museo que se está viniendo abajo o que ya es una ruina se instala con inocencia pero con astucia en uno de los espacios expositivos porteños que la última gestión encabezada por Soto intenta con esfuerzo resucitar de una larga agonía. La obra de Segura puesta donde está puesta narra esa agonía como temido presagio pero también da cuenta de un problema donde el problema está sucediendo.

Esquina de Sarmiento y Paraná. Hasta fin de año.

Publicado en el suplemento Radar del diario Página 12 en julio de 2016