Grete Stern: pesadillas de la mujer común

Una colección de fotomontajes que ilustraron las consultas de las lectoras a una revista femenina, y las respuestas.

En la sala de exposiciones temporales del Malba se respira un clima hitchcockiano. Es el ingreso al mundo terrible y onírico de los fotomontajes de Grete Stern, una colección que suma 146 obras de las cuales aquí se exhibe una parte destacada. La muestra llamada “Grete Stern. Los sueños” es un verdadero viaje a una cabeza inteligente y creativa. Es curioso que se hable de sueños cuando los fotomontajes expuestos tienen más bien la narrativa de una pesadilla.

Corría 1948, pleno gobierno peronista, y el sociólogo Gino Germani le pidió a Stern, alemana de origen pero radicada en Buenos Aires, que colaborase en la revista Idilio, dirigida a mujeres jóvenes. La cosa fue ésta: Stern tenía que interpretar los sueños que enviaban las lectoras a un correo abierto para tal fin, a través de la realización, precisamente, de fotomontajes. La sección se llamó “El psicoanálisis te ayudará” y no sabemos si habrá ayudado a las lectoras, lo que sí consta es que de ese objetivo delirante y algo anacrónico surgió una de las obras más exquisitas realizadas por Stern.

Los sueños aparecen numerados. El número cinco, “Botella de mar”, por ejemplo, nos muestra a una mujer encerrada en un jarrón gigante y de vidrio transparente, abandonado a orillas de un mar o río. En esta costa inhóspita la mujer aparece feliz, con las manos agarradas a sus piernas recogidas sobre el pecho. Es una mujer feliz porque está fuera del mundo, probablemente un mundo agobiante y hostil, sin hombres, sin hijos, sin tablas de planchar ni cacerolas. Se percibe en muchas de estas piezas un tinte macabro. El bebé que nace de una cala o el bebé plantado sobre un relicario con los rostros de un hombre y una mujer, probablemente sus padres erizarían su piel. Tanto como la mujer que habla por un antiguo teléfono acosada por un almacenero o aquella otra que tiene tamaño de libro y acomoda flores dentro de un inmensa biblioteca, cosificada, escondida, empequeñecida. O la mujer que toca un piano cuyas teclas corresponden a las de una máquina de escribir como si su deseo nunca pudiese ser alcanzado y le fuese cambiado como en un juego oprobioso.

Stern narró 146 sueños/pesadillas de mujeres argentinas. Su valor narrativo y también histórico es todavía un análisis que los investigadores nos adeudan.
Los protagonistas de las fotos eran sus amigos, familiares y vecinos, y las imágenes complementarias -paisajes, fondos, objetos, personajes secundarios- fueron tomadas de su propio archivo. Stern publicaba a las apuradas el fotomontaje y luego lo mejoraba y lo volvía a fotografiar para su colección personal. En consecuencia, hoy existen dos versiones de cada uno de esos sueños: el de Idilio y el del archivo de la autora.

En el mundo giran cinco colecciones de estos mismos sueños pesadillescos. Uno pertenece a la colección personal de Eduardo Costantini -director del Malba- y es el que hoy puede apreciarse en el museo con todo el fulgor de una mujer visionaria que abrió los ojos al mundo en pleno modernismo y cuando la batalla por la liberación femenina comenzaba a delinear una estrategia.

En el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) hasta el 24 de abril.

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