Lola Arias: Esta boca es suya

Un poderoso sonido lo invade todo, llega el rumor antes que las imágenes que lo acompañan. Es lo primero que se percibe al ingresar a la sala PaYs del Parque de la Memoria para recorrer la muestra Doble de riesgo de Lola Arias, dramaturga y directora que se estrena en esta exposición como artista visual, un coro de voces que se entremezclan.

Arias explora la historia argentina desde 1976, efeméride del golpe de estado de Videla-Massera-Agosti pero también año de su nacimiento y así mientras recorre los hitos que le interesan de la historia nacional va marcando el recorrido de su propia vida poniendo los acentos en los momentos que probablemente la convirtieron también en la artista que es hoy.

Una doble de riesgo es una persona que, generalmente en cine, preparada para escenas de acción, toma el lugar del actor-actriz que encarna un personaje para llevar adelante despliegues que encierran peligro y que el actor-actriz no está capacitado para hacer: peleas, saltos al vacío, conducción de autos a alta velocidad, galopes a caballo pueden ser algunas de las tareas que recaen en dobles de riesgo.

Si pensamos que esta muestra de Arias presentada en el Parque de la Memoria es la primera que la prueba en el mundo de las artes visuales, la primera doble de riesgo es la propia artista que llega al mundo fronterizo de las artes visuales habiendo atravesado con probado talento el mundo del teatro.

La muestra consta de cuatro instalaciones realizadas especialmente para el Parque. En ellas siempre hay un sujeto que se pone en lugar de otro, o un sujeto que se pone en el lugar de sí mismo en otro momento de su vida. Mientras ocurre un desplazamiento en el cuerpo también tiene lugar un desplazamiento en el tiempo.

Doble de riesgo puede comenzar a visitarse por la instalación Veteranos. En ella Arias realiza un procedimiento tan efectivo como conmovedor. Allí se aprecian una serie de videoinstalaciones en las que ex combatientes de Malvinas reconstruyen alguna escena de su pasado como soldados desde su lugar actual y con la ayuda de su entorno presente. La sala oscura que encierra estos relatos, hechos de esas voces que son parte del rumor con que se recibe al visitante, marca un modo de lectura a través del diario real de un soldado de Malvinas, escrito por su propia mano y siendo pasado hoja a hoja mientras lo lee en voz alta. Este video suena públicamente en la sala, el resto de los videos debe ser escuchado con auriculares. Ellos nos muestran a un cantante de ópera que cuenta el hundimiento del Belgrano en un teatro; en otro escuchamos y vemos a un psiquiatra que hoy trabaja en el Hospital Alvear narrando un día de la guerra. Es particularmente conmovedora la historia de un nadador que recrea parte de su historia desde la pileta en la que entrena. El nadador, enfrentado a su yo ficcional de los tiempos de la guerra, cuenta cómo al regreso de Malvinas nunca se sacaba el uniforme, vivía perdido y borracho y este vagabundeo producto del shock post guerra lo llevó a intentar suicidarse tirándose al torrente de un río. Sobrevivió y esa literal tocada de fondo fue lo que lo llevó de regreso a la superficie de la vida, en la que aprendió a nadar y ahora entrena como un nadador profesional.

El vaivén entre ayer y hoy es una constante en estas instalaciones de Arias. Así como los veteranos de Malvinas se enfrentan a los jóvenes soldados que fueron desde el tiempo presente, en la instalación Cadena Nacional se palpita la confrontación ayer-hoy como una de las apuestas más originales y poderosas de toda la muestra. Se trata de un proyecto audiovisual para el cual distintas personas recrearon discursos de los presidentes argentinos, desde 1976 hasta la actualidad. Discursos que, por distintos motivos, fueron centrales para esos gobiernos porque anunciaron momentos críticos o porque algo de aquella gestión se cristalizaba en ellos. Mediante playbacks notables y en un set que recrea los despachos presidenciales, los performers recrean esos discursos.

La cosa sucede así: en el video se escucha la voz del presidente que es doblada por el performer en cuestión, el contraste entre la voz del pasado “dicha” por el performer hoy produce un efecto que atraviesa a quien mira por el choque de tiempos y de discursos. La voz dice el discurso elegido, en la pantalla, a la manera de subtítulos, se cuenta la historia del performer y de qué manera el discurso que dobla afectó su vida. “Todos los participantes de la experiencia fueron tocados de una manera u otra por esos discursos – explica Arias-. Mariano Speratti, por ejemplo, dobla el primer discurso de Videla como presidente de facto, en 1976, el mismo año en que desapareció su padre. Martín Galli recrea la cadena nacional de Antonio De la Rúa por el estado de sitio, que lo afectó de manera directa ya que el 20 de diciembre de 2001, él había sido baleado en la cabeza cerca del Obelisco. El hijo de Julio López revive el discurso de Néstor Kirchner sobre la desaparición de Darío Jerez, y eso invita a una reflexión sobre los desaparecidos en democracia. Hay otros performers que no tienen historias tan directas ni tan dramáticas pero, de una u otra forma, fueron modificados por el rumbo que fue tomando el país y por algo de lo que se decía ahí, en las palabras que recrean”. Los discursos arrancan con el de Jorge Rafael Videla el día que arrebató el poder en 1976 y termina con el de Mauricio Macri el día de su asunción como presidente. Es destacable el discurso de Cristina Fernández de Kirchner el día en que murió Néstor. El discurso está doblado por una actriz que también a mediana edad sufrió la repentina pérdida de su esposo. Quizá sea este el único discurso elegido por Arias que, sin dejar de lado la parte dura de la política, da lugar al relato de la vida personal de la mandataria donde lo repentino, como quiebres en la voz y gestos no pautados, se apropian del relato. La instalación culmina con un pequeño escenario donde se monta el lugar del discurso: un escritorio, el sillón presidencial, la bandera argentina y unas cortinas beige neutro arman la locación. El espectador puede sentarse en el sillón y observar cómo desde un teleprompter se le van dando instrucciones sobre el modo en qué debe comportarse. Tal cual sucede en la operación de las cadenas nacionales reales de los discursos.

La tercera instalación se llama Ejércitos paralelos. En ella, Arias reconstruyó una garita de seguridad donde guardias de distintas partes de la ciudad y del conurbano “cuidan” a los ciudadanos que le pagan por ese cuidado. Dentro de la garita a la que el espectador es invitado a pasar un rato, se escuchan las voces de los verdaderos agentes del orden entrevistados. Rodeando la instalación, se presentan dieciséis dípticos fotográficos con los guardias y sus garitas. Un plano general del espacio pesquisado se enfrenta a algún detalle que destaca al guardia entrevistado. “El objetivo es que los espectadores puedan pensar, por un rato, en la vida de esos guardias: ponerse en el lugar de otro”, confirma Arias.

El recorrido por la muestra puede tener su estación final en un catárquico karaoke creado por Arias con los cánticos de las multitudes en la Plaza de Mayo. También el corte temporal marca su inicio en 1976. El sonido de la multitud asigna al karaoke, como nunca se había pensado antes, un valor político a la vez que funciona como un registro de nuestra memoria colectiva.

Efectivamente los cánticos de las multitudes en las distintas manifestaciones que tuvieron lugar en la Plaza de Mayo sólo existían, hasta ahora, grabados en nuestra memoria. Arias, a través de una convocatoria vía Facebook, logró reconstruir una gran cantidad de esos gritos populares y lo que fue más difícil, reconstruir su base musical. Pero lo logró. En la instalación, al igual que en el mejor karaoke japonés, el espectador se para ante un micrófono y, mientras suena la música, desde una pantalla se va leyendo la letra de la canción que debe cantar. No sólo se puede cantar en El sonido de la multitud, los visitantes son invitados a sumar sus propios recuerdos de los cánticos que a grito pelado musicalizaron alguna Plaza. Y vuelve la idea del doble de riesgo, aquí es el propio visitante el que es convocado a ponerse en el lugar de otrxs, en este caso en el lugar de muchxs, de quienes pusieron el cuerpo propio para protagonizar alguna protesta que en su sonido mancomunado fue armando el relato de la historia nacional en algunos de sus hitos, allí donde los dobles de riegos somos/fuimos todos, fuimos todas.

Publicado en el suplemento Las 12 del periódico Página 12 en agosto de 2016