Thais Zumblick: Los cuerpos del delito

Thais Zumblick es una mujer de aspecto frágil. Da miedo abrazarla fuerte porque una siente que se podría partir en mil pedazos. Esa armazón sensible que es su cuerpo, donde piel y huesos parecen a punto de quebrarse a pesar de su belleza serena, generan una tensión y un contraste que se traducen en sus óleos, los mismos que ahora exhibe en el marco de la muestra Expansiva curada por Mariano Soto, en una de las salas del Cultural San Martín.

Estas obras oscuras, retratos semifotográficos, intervenidos con brutalidad, crean un cuerpo de obra que camina entre la oscuridad del neobarroco y la esperanza triste del neorromanticismo. Esos cuerpos de ojos vacíos y negros, lacerados, arrojados en el gran formato de un lienzo con rasgos perfectos, siempre insinuando o directamente exponiendo una llaga, una herida brutal, pertenecen a su entorno cercano de amigos, familiares y hasta su propio hijo; iconos que podrían ser de su familia de adopción, como el impresionante San Sebastián, fuera de la exhibición pero que Thais nos muestra en un encuentro privado con Las12, donde accede a contarnos obra por obra.

Esta mujer nacida en Brasil, en un rincón de Florianópolis, pasó largos años en Milán, donde empezó su vínculo con la creación artística, a la que fue alentada desde pequeña por su padre. Esta mujer delgadísima confiesa lo que pocas, que en efecto este cuerpo de hoy es producto de un cuerpo que sufrió su propia autodestrucción a través de la bulimia, la anorexia y el alcohol, y algún otro vicio ya bajo control, envueltos en los largos y oscuros años de depresión severa. Días negros que hoy parecen ser sólo parte del relato de su vida y no de su realidad actual. Una suerte, más bien un triunfo sobre sí misma.

Lo cuenta con sequedad y firmeza, sin trazos de autocompasión; esta mujer que llegó a Argentina tras un amor de verano a principios de los ’90 y que al tercer día quedó embarazada de ese mismo amor que duró pocos e intensos años y que la convirtieron muy pronto en una madre soltera que encontró aquí, en Buenos Aires, su deseo consciente de ser artista y para eso estudió, experimentó y se atrevió. Toda esa trayectoria es la que exhibe hoy en pleno centro porteño a partir de diez óleos de gran formato. Aquí las palabras de la misma artista sobre un cuerpo selecto de esta exposición, palabras privilegiadas que regala a Las12 para tratar de que, con imagen y palabras, se desgrane el imaginario con el que ella misma cuenta que cambió su vida y la narró así de literal, así de brutal, así de desgarradora.

Su técnica de trabajo se repite en cada obra y consiste en una toma fotográfica en interiores con luz artificial y una técnica pictórica por la que intenta rehacer el “barroco pero con fusiones del pop arte –explica– más una temática actual”.

Elegimos tres obras que nos impresionaron de ese combo de 10 actualmente expuesto y a grabador abierto, esto fue lo que Zumblick nos contó de cada una de ellas. Aquí nuestra selección junto a sus palabras.

Colonización o barbarie

“Fue mi primera obra con un concepto armado previamente. Después se volvió parte del proceso en todas las que siguen. Mi San Sebastián, aclaro, no es una crítica cliché hacia la colonización, sino un planteo de ‘repensamiento’ desde su ambigüedad. De ahí la elección del modelo. El San Sebastián es el santo más representado artísticamente en todos los tiempos: cuadros, fotos, películas, performances, etc. Un verdadero best- seller entre los artistas. Por este motivo propongo una recreación de este personaje tan masivo, donde no se ven las clásicas ataduras, flechas y tronco, sino metáforas de su martirio, juntamente con su conocida posición de gozo. En un mundo donde la originalidad se vuelve casi imposible, un collage de referencias sería como la sobredosis de información que se vive en el día a día. Jackie, mi modelo y muso, es un personaje del mundo del arte que no deja claro su rol, no solamente su figura post género, y por lo tanto una clara metáfora de mi planteo, por su constante ser y no ser. En tanga, tacones, atado a un Hello Kitty de cotillón, se apoya coronado, en una montaña de basura. En ésta se ven residuos de marcas que nos colonizan constantemente. La colonización que sufrimos y hemos sufrido siempre nos incluye y nos excluye de lo que es aceptado como el status ideal. Una crítica pero, ¿quién no tiene cierto placer masoquista hacia el Starbucks o al cine de Hollywood? El personaje hermoso, joven y andrógino es un producto representativo de lo más codiciado, en tiempos de sobrevalorización de la juventud y de las apariencias. Mártir absoluto del mundo globalizado-colonizado, siente un placer infinito en su efímero rol de objeto de deseo, dios de los deseos; en un tiempo donde desear y ser deseado es la promesa hacia el Edén. La estética trash creada para el cuadro, tratada con luz barroca y técnica realista, carga visualmente de solemnidad al personaje pintado y a la vez desorienta el espectador frente a su contenido.

Peluche

“El retrato de Nina fue el primero de una serie donde quise, de un lado, imponerme un desafío técnico usando excesivas cantidades de elementos de difícil representación y a la vez es una de las muchas composiciones en que usé objetos de mi relación fallida: acá el conejo de peluche. Siempre dentro de una recreación del barroco, en Nina hago un salto temporal al rococó. Los brocados, las rosas naturales, el raso y la superposición de estampas (¿kitschland?) todavía se encuentran alumbrados por la luz dramática a 45 grados.”

El hijo

“Pablo gore es uno de los cinco retratos que hice a mi hijo. Acá sirvió de modelo en una alegoría sangrienta para la muestra gore, El Hombre es Esta Noche, que curó Magalí Pallero para el Macro de Rosario. Fue una creación compleja y desafiante desde su concepción, ya que la violencia no suele ser mi temática.

Armé un proyecto del gore en el punk rock. Mi hijo empezaba su carrera como cantautor rockero e iba a cumplir 18 años. Me interesó el martirio y el sacrificio.

Como las imágenes del punk rock y en particular las de Sid Vicious (los videos y algunas imágenes son de Derek Jarman, un genio), se ven ya cargadas de sangre y violencia realistas, decidí crear algo absolutamente truculento, falso, estridente a lo Dario Argento: como un golpe bajo visual. La gente no puede no mirar. Causa horror y es absolutamente falso.

Había tres ideas que querían plasmar en este cuadro: el increíble éxito de dos milenios de la Iglesia Católica, que para mí se basa en su contenido gore y sadomaso; la idea de martirio y sacrificio, que es católica, pero también tiene que ver con la maternidad, los sacrificios que una hace en la crianza y el martirio que le impone su situación de mujer-madre-sola; la industria de la violencia, que la propaga, vende y la transforma de sufrimiento en espectáculo. Me pregunto por qué fascina el dolor físico a punto de despertar religiosidad, fanatismo y adicción. Para completar mi propio reality show, después haber leído que la madre de Sid le da la heroína que lo mata (se habían drogado y prostituido juntos, y ella muere en seguida), pregunté a mi hijo Pablo si él quería ser el modelo, cosa que lo fascinó. También, de cierta forma, lo estaba perdiendo: estaba por devenir adulto. Elegí para este cuadro textos de un libro de la escritora belga-nipona Amelie Nothomb, Acido Sulfúrico, que habla de la violencia como producto de consumo en un supuesto reality show. En los carteles, hechos por mí al modo Pollock, que se ven atrás de Pablo y en su cuerpo, hay un mensaje paradojal: los carteles anuncian que la violencia es bella y su cuerpo dice en sangre: se dedicó a no expresar ningún dolor. Una negación a la participación en el show, pero a la vez una decisión que resulta visualmente bella cuando se trata de sufrimiento. El mártir perfecto: joven, bello, superado, sin arrugas y sin bótox. Para finalizar el acto artístico, esta obra fue mi regalo a Pablo para sus 18 años.”

Y así es, esta muestra de la muestra refleja sin dudas el imaginario de esta artista bien peculiar que logra lo que se propuso desde el comienzo de su apuesta de trabajo: sacar lo lindo que era, según ella, lo que le salía más fácil y así lograr “que el espectador sienta la soledad, la desolación y el cemento”. Hay que decirlo: Misión cumplida.

Publicado en Página 12, julio 2014